Centro de Estudios Estanislao Zuleta

«Luchar sin descanso por una altísima existencia»

Cuando se es mucho más que el gran amor de Kafka

Milena Jesenská

“Amo la vida, la vida toda, la mágica, maravillosa y resplandeciente vida en todas sus manifestaciones, en todas sus formas, en sus actividades cotidianas y en sus fiestas, en su superficie y en su profundidad . . .”
Milena Jesenská

Tal como se dice de Simone de Beauvoir: “ah, sí, la compañera de Sartre”, de Milena se dice: “claro, el gran amor de Kafka”. Y si bien se puede afirmar que alguien debe ser muy especial para ganar la pasión amorosa de un hombre tan excepcional como Kafka, Milena fue mucho más que esto, pues ella forjó por su cuenta un destino pleno de sentido y significación. Lo que buscaré con mi exposición será resaltar todas esas facetas que suelen pasarse por alto en gracia al vínculo con el autor de La metamorfosis: escritora, militante política, luchadora social, amiga, amante de otros hombres, prisionera en un campo de concentración, etc.

Seguir la vida de Milena e interpretar su obrar en el tiempo que le fue dado vivir, es el cometido que perseguirá mi conferencia, siendo mi anhelo conseguir dejar en los oyentes la certeza de estar ante una ejemplar mujer que se justifica por sí misma y que hizo de su existencia un bien del que todos podemos aprender. Espero, pues, que nos podamos encontrar en esta oportunidad y que ustedes sean tan amables de difundirla entre los vuestros.

100 conferencias de Carlos Mario González sobre la vida cotidiana

Durante ocho años, entre el 2007 y el 2015 hice parte de la Corporación Cultural Estanislao Zuleta, de la cual fuí fundador junto a otro grupo de personas, y durante ese tiempo llevé a cabo mensualmente, en el auditorio principal de Comfama, sito en San Ignacio, una conferencia, según ciclos tematizados anualmente, dentro de un evento que dimos en llamar La Conversación del Miércoles. En noviembre de 2015 ofrecí mi última exposición al interior de dicho proyecto, exactamente la número 80 contadas a partir de la primera que se había llevado a cabo en septiembre del 2007. Irreconciliables diferencias con Corpozuleta en lo relativo a lo que es el legado intelectual de Estanislao Zuleta, su continuidad y desarrollo (tema éste sobre el que versará mi artículo del tercer número de los Cuadernos del Centro de Estudios Estanislao Zuleta para la Reflexión y la Crítica, que aparecerá el primer martes de febrero de 2018) me condujeron a retirarme de dicha organización y de inmediato, con una treintena de personas que me acompañaron, fundamos el Centro de Estudios Estanislao Zuleta – Escuela de Formación en Pensamiento Crítico (CEEZ), buscando recoger el aporte de Estanislao Zuleta, precisando la especificidad de éste y tratando de proseguirlo a la luz de lo distintivo suyo. En esta línea, decidimos sostener entre otras actividades, el ofrecimiento de una reflexión mensual en forma de conferencia pública, realizada en un nuevo lugar, la Biblioteca Pública Piloto, todos los primeros martes de cada mes. Con tal propósito el evento tomó el nombre de Diálogos en la Ciudad y el cual a lo largo de los años 2016 y 2017 ha cubierto veinte conferencias, las que hasta el presente buscaron articular la vida y la obra de grandes hombres y grandes mujeres en función de una problemática singular de la cual pudiéramos aprender en gracia a la manera en que estos hombres y estas mujeres las supieron enfrentar. Son, pues, 100 esfuerzos reflexivos que con sus aciertos y errores han intentado sostener el compromiso de Estanislao Zuleta por hacer de la labor intelectual un recurso de lucha en el escenario de las ideologías, labor que permita el análisis crítico de las concepciones, ideales y valores que rigen la vida social y la cotidiana en la sociedad capitalista, tarea crítica que sólo se puede desplegar, si es que de verdad se quiere recoger la enseñanza de Zuleta, desde la perspectiva de un pensamiento complejo y con miras a entender y transformar la vida personal y colectiva en aras de su cualificación como una experiencia más justa, equitativa y racionalmente humanizadora. Esperamos que nuestra tarea en este frente discursivo logre ir mucho más allá de estas 100 conferencias que hoy recordamos.

Carlos Mario González

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El Che y Fidel: entre el mito y el estigma

El Che y Fidel: entre el mito y el estigma

El próximo miércoles 18 de octubre nos disponemos, desde el Centro de Estudios Estanislao Zuleta, a discutir sobre la referencia de dos hombres ejemplares para nuestro tiempo. En tiempos de capitalismo nuestra actitud no puede ser otra más que el señalamiento de la injusticia y la disposición a entrar en combate frente a un mundo que privilegia a unos pocos en detrimento de la opresión de algunos muchos.

Los hombres que serán eje de nuestra conversación son Ernesto Guevara y Fidel Castro. Ambos guerrilleros, ambos dirigentes revolucionarios, pero sobre todo seres humanos con una sensibilidad excepcional. Estos dos hombres han sido objeto de las creaciones mitológicas más absurdas; desde la formulación de patologías que los relacionan con una supuesta tendencia placentera hacia la violencia, hasta la creación de sus biografías como hombres entre los lujos y el derroche. También se han construido leyendas que los retratan como héroes trágicos, como dioses, como ejemplos de humanidad perfecta, como seres de palabra y acción sagrada, etc.

Estás dos visiones, que configuran el estigma y el mito, son dañinas en la medida en que no nos permiten captar lo que hay de valioso y lo que hay de reprochable a la vez, respecto de las figuras de Guevara y Castro. Está pues planteada así la invitación para que difundan esta información entre sus cercanos y para que nos acompañen a cuestionar nuestras vidas y nuestro mundo a partir de la vida y el mundo de estos, aún palpitantes, personajes.

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La amistad es cosa de principios

La amistad es cosa de principios

Los ciclos de Diálogos en la Ciudad de los años 2016 y 2017 han tenido dos propósitos básicos: que grandes mujeres y grandes hombres, con su vida y con su obra, nos ayuden a pensarnos en tanto la mayoría cobramos la digna forma humana de ser comunes y corrientes pero, de otro lado, que aprendamos a amarlos y admirarlos no como ídolos perfectos, sino como humanos, demasiado humanos, esto es, cruzados por la falla y propensos al error. Es lo que quiero hacer en la conferencia sobre Camus y la amistad. ¿Qué entendía Camus por amistad? ¿Qué le llevó a que, con su más entrañable amigo, Sartre, la relación se volviera imposible y terminara haciéndose trizas y dejando en cada uno la amargura de una pérdida irreparable? ¿Qué principios hicieron incompatible, finalmente, la amistad entre ellos? En fin, recorreré esos dominios que forjaron su amistad y que luego llevaron su vínculo al colapso total: la moral, la política, la violencia, la justicia, el individuo, la libertad, el compromiso intelectual, la Historia y la historia, etc., pero también mantendré el propósito de verlos como los humanos que fueron, por lo que me preguntaré por qué dos hombres de su envergadura fueron incapaces de la reconciliación y de la recuperación del lazo de la amistad, tan caro y necesario para ambos. Espero que, desenmarañando el intrincado tejido intelectual y afectivo de la amistad de Camus con Sartre, podamos aprender algo nosotros del arte de hacer amigos que merezcan tal nombre, al igual que del difícil saber que permite preservarlos hasta donde sea posible y de esa exótica virtud que es la reconciliación.

Mi más cordial saludo.

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¿Hoy ya no es posible aspirar a otro tipo de sociedad?

¿Hoy ya no es posible aspirar a otro tipo de sociedad?

En cuanto se desintegró la Unión Soviética, en diciembre de 1991, los intelectuales burgueses corrieron a empuñar sus plumas para escribir que la historia había llegado a su fin. Tal aseveración implícitamente contenía una idea: todo proyecto de transformación radical al modo de civilización capitalista quedaba abolido, y al igual que el socialismo realmente existente, los “metarrelatos” —el marxismo y el comunismo—, no serían más que recuerdos ilusos consignados en los anaqueles de las bibliotecas.

El derrumbe de la URSS, quizá el régimen político más amenazante contra el capitalismo durante el siglo XX, se convertía en la prueba reina de que el mundo no podría experimentar una subversión total a su orden establecido, pues sino lo lograron los soviéticos con el dominio militar y político que tuvieron, mucho menos sería una realidad cuando el sistema burgués quedase con el camino libre sin su principal piedra en el zapato.

En consecuencia, nuestra próxima conversación de conmemoremos el miércoles 20 de septiembre, se dirigirá a problematizar las consideraciones expuestas y así ir abordando la pregunta que nos convoca, ¿Hoy ya no es posible aspirar a otro tipo de sociedad? Teniendo como referencia a la Revolución Rusa, interrogaremos también la posición de los revolucionarios rusos ante la historia, pues ellos, aún con sus anhelos de transformar la sociedad no se libraron de una mirada esquemática sobre la historia, también ellos proyectaron un futuro, creyeron ir encaminados hacia un destino inevitable para la humanidad. Si para finales del siglo XX unos sentenciaron que la historia llegaba a su fin, otros como los bolcheviques al inicio del mismo siglo le asignaron a la historia una finalidad incuestionada, la sociedad comunista, el último eslabón de las sociedades, el puerto de llegada a donde sí o sí habríamos de llegar, idea que se propagó entre los rusos con una fe cuasi-religiosa.

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O somos proyecto o somos nada

Jean Paul Sartre

Decir Sartre es decir aquello de “El ser humano está condenado a ser libre” o “Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros” o “La existencia antecede a la esencia”. La filosofía de Sartre nos obliga a preguntarnos por las relaciones de la libertad con la responsabilidad, del ser con su situaciónhistórica, de la vida con su sentido. Pero también el pensador francés nos señala que vivir es proyectarnos a un destino que pasa por nuestras decisiones subjetivas, pero que esto se da al interior de condiciones materiales y sociales específicas. La angustia de existir, el tránsito para el ser humano del ser-en-sí al ser-para-sí y, cómo no, la labor intelectual como compromiso social, son otros aspectos decisivos del legado de Sartre, todo lo cual estuvo materializado en su vida cotidiana al interrogar instancias como el amor, la sexualidad y el matrimonio. Volver a Sartre, a su vida y a su obra, es volver a preguntas, a problemáticas y a proposiciones que siguen ahí, con nosotros, sin darnos tregua, por más que el mundo académico, tan lamentablemente atrapado por las cadenas de la moda con relación a los pensadores, haya querido darlo por desaparecido, cosa que habitualmente hace con los pensadores que objetan el modelo de sociedad y civilización en que vivimos. No vacilo en afirmar que si, al igual que Marx, por poner un ejemplo, Sartre está destituido de los planes académicos es porque la fuerza crítica de su pensamiento sigue vigente. Es lo que intentaré presentar en la conferencia a la que estoy invitándoles cordialmente.

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El siglo XX, entre dos formas de hacer fracasar la libertad: el individualismo feroz y el colectivismo obligatorio

El siglo XX, entre dos formas de hacer fracasar la libertad: el individualismo feroz y el colectivismo obligatorio

En 1917 la historia dio un paso de grandes magnitudes. En febrero de ese año la dinastía de los Romanov y con ella la administración zarista de Rusia llegó a su fin; Rusia parecía salir de su atraso feudal y alcanzar por fin una política liberal. Con el ascenso al poder de Alexander Kerensky en junio el tránsito a la nueva sociedad parecía por fin alcanzado. Pero no fue sino hasta octubre con el derrocamiento del mismo Kerensky que la gesta política estuvo completa. En 1917 el país más grande del mundo pasó del feudalismo al socialismo.

Quien reconoce la descomunal empresa llevada a cabo por los bolcheviques es visto hoy con sospecha. A la Revolución Bolchevique la suelen presentar como una hazaña sanguinaria y como un episodio de terror en la historia de la humanidad precisamente aquellos que se llenan de nostalgia con el recuerdo de la Revolución Francesa. Que reconozcamos en la Revolución Francesa, con todo y sus abusos, un avance de la libertad, pero dudamos en hacer el mismo juicio para la Revolución Bolchevique, quizá se deba a la idea consensuada de que las conquistas de la primera gozan de toda actualidad, mientras que las de la segunda han caído en una paulatina opacidad.

Pero, si bien es cierto que el desenlace de la Revolución Bolchevique en lugar de entregar mayor libertad a la humanidad la sumió en un craso colectivismo, no es menos cierto que las ideas de libertad, fraternidad e igualdad de la Revolución Francesa siguen siendo asignatura pendiente mientras el sistema que las profese exija al mismo tiempo la competencia desbocada. Ante tal situación vale la pena preguntarnos si estamos condenados históricamente al individualismo feroz y al colectivismo obligatorio. Bajo este tema estaremos conversando Carlos Mario González, Santiago Alarcón y yo como homenaje a los 100 años de la Revolución Bolchevique. Los invitamos pues a que nos acompañen a este evento que tendrá lugar este miércoles en la Biblioteca Pública Piloto, en la Torre de la Memoria, a las 6:30 pm.

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Una mujer entre el amor y la revolución

Rosa Luxemburgo

La noche del 15 de enero de 1919 era fría y desapacible cuando un escuadrón de asalto del ejército alemán arrestó en Berlín a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, los dos más notables dirigentes de la Liga Espartaquista, núcleo del recién fundado Partido Comunista Alemán. Los llevaron a un hotel, los torturaron sin piedad hasta hacerles perder la consciencia, los cargaron malheridos y le descerrajaron a cada uno un tiro a mansalva. Luego “la rosa roja del socialismo”, posiblemente todavía con vida, es arrojada a las aguas congeladas de un río que pasa por allí. Su cadáver sólo aparecerá cuatro meses más tarde. A Liebknecht también lo lanzan a otro río cercano, con igual final.

Pero detengámonos un momento en nuestra Rosa. ¿Qué tiene esta mujer que no se eleva más de 1.50 del suelo, que padece de una ligera cojera que trata de disimular, oradora fascinante, lectora infatigable, escritora original, sensible a la gran literatura, amorosa de la naturaleza, de las plantas, de la música, de la pintura, lúcida dirigente, aguerrida en la polémica, firme en sus convicciones, valiente a la hora de arriesgar hasta la vida por su causa social, cautivante conversadora y apasionada a más no poder por el hombre amado (esto lo veremos con cierto nivel de detalle), qué tiene, repito, una mujer así como para desatar la ferocidad impía con la que los esbirros del régimen pusieron fin a su valiosa vida cuando iba a cumplir apenas 48 años? Responder esto es lo que me propongo hacer en la conferencia, pero de momento puedo anticipar una clave revelada en palabras de la misma Rosa Luxemburgo: “Luchar por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”. Fue esto lo que no le perdonaron. Pero es por esto que hoy la recordamos.

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Luchar por lo común para defender nuestra individualidad

Luchar por lo común para defender nuestra individualidad

Nuestra individualidad es una conquista histórica de la que no estamos dispuestos a abdicar. Las reivindicaciones de los colonizados, de los negros, de las mujeres, de los homosexuales, son reivindicaciones de las diversas formas de ser de la existencia humana; la dignificación del individuo particular es la dignificación de la humanidad. En la sociedad en que vivimos, no obstante, la potencialización de lo individual como potencialización de lo general está en crisis. Se nos suele decir que la lucha por lo individual es una lucha en lo individual y para lo individual. Luchar por los propios intereses significa concentrarse exclusivamente en el sí mismo, vencer la competencia, escalar tanto como sea posible sin miramiento de los otros, en una palabra: ser egoístas. Se suele perder de vista que la defensa del egoísmo en lugar de potenciar la individualidad, la anula, pues la lucha entre egoístas no hace más que truncar sistemáticamente a los competidores. Por contradictorio que parezca, defender la individualidad sólo es posible cuando se lucha por lo común, pues sólo una sociedad que ha vencido la competencia entre sus miembros y ha instalado la igualdad material entre ellos puede apreciar el afloramiento de la más auténtica individualidad.

Una sociedad donde la igualdad económica posibilite la singularidad subjetiva era la apuesta de un pensador como Karl Marx. Nada más errado que la idea de que el comunismo marxista sería una sociedad burocratizada donde todos los bienes materiales y los talentos espirituales serian administrados con miras a que nadie fuera diferente de nadie. Para Marx es precisamente la desigualdad económica la que produce la grosera identidad entre los individuos (el dinero como común denominador del deseo); la igualdad económica en cambio sería la condición para el desarrollo de necesidades verdaderamente libres del interés material y, en este sentido, verdaderamente diferenciadoras entre los hombres.

Luchar por lo común para defender nuestra individualidad es el tema que del Centro de Estudios Estanislao Zuleta hemos elegido para homenajear los 150 años de la publicación de El Capital de Marx. Los invitamos a que nos acompañen este miércoles 19 de julio en la Biblioteca Pública Piloto a las 6:30pm.

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Correspondencia desde Uruguay

El drama y la esperanza de Colombia a los ojos de una amiga uruguaya

El CEEZ quisiera compartir las bellas palabras que ha recibido desde Uruguay por nuestra querida amiga Denise Saravia, así como la respuesta de Carlos Mario González, director del CEEZ.

Montevideo, julio 2017.

 

Preparando el encuentro

Tengo el inmenso honor de estar integrada amorosamente a un grupo humano llamado Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ) en homenaje al distinguido pensador e intelectual colombiano.

¿Cómo llegué allí?… Este recorrido comienza hace cuatro o cinco años, cuando luego de muchos intentos y vueltas decido iniciar una nueva etapa y afrontar mi vida en una soledad creativa. Este tiempo me permitió tomar distancia de la rutina cotidiana y poder entablar un diálogo íntimo, una búsqueda propia.

Un día llegaron a mis manos dos libros: “El desbarrancadero” como relato del dolor que provoca el sinsentido de la muerte de un hermano y “Los días azules”, ambos del escritor colombiano Fernando Vallejo. Un recorrido biográfico del niño que fue, nacido en Medellín, Colombia. La forma de relatar un espacio geográfico, una época, una ciudad, una calle, una casa y una familia, me atrapó como una concepción muy trágica de la vida. Ya se esbozaban en mí algunas preguntas existenciales: qué somos, el amor, el sentido profundo de la existencia, la vejez, la muerte, etc. —que si bien siempre me acompañaron— ahora comenzaban a martillar más fuerte y con una imperiosa necesidad de respuesta.

A partir de allí seguí buscando en la literatura colombiana autores que reflejaran esa sensibilidad difícil de explicar, tan propia y a la vez tan entrañable… y fueron apareciendo como una cascada nombres de autores como: William Ospina (“La franja amarilla”), Alfredo Molano (“A lomo de mula”, “Ahí les dejo esos fierros” y diversos artículos periodísticos), Jorge Orlando Melo (“Colombia Hoy”), Héctor Abad Faciolince (“La Oculta”), Piedad Bonett, Laura Restrepo, Jorge Franco, Juan Gabriel Vázquez, etc. También en esa búsqueda hacen figura en mí algunos intelectuales colombianos y personalidades como la de Camilo Torres, Fals Borda, el Padre De Roux, Héctor Abad Gómez, Umaña Mendoza y otros. Ellos me introdujeron no sólo en las historias biográficas y personales sino también en la profunda peripecia de una sociedad muy castigada y sufrida a pesar de lo cual no perdía la alegría y el deseo, la fuerza de vivir y luchar en un mundo complejo y hostil.

Toda esa “colombianidad” me fue envolviendo con el anhelo de conocer más y más historias y detalles de una realidad que estaba sucediendo aquí en América Latina, no muy lejos de mi lugar en el mundo, un pequeño país sobre el Río de la Plata llamado República Oriental del Uruguay.

Fue así que rastreando en la historia del siglo XX y conmovida por los episodios de 1948, la muerte de ese inmenso líder que fue Jorge Eliecer Gaitán y el posterior Bogotazo, mis navegaciones por Internet me toparon con una conferencia de un intelectual colombiano, Profesor de la Universidad Nacional (que claro está era un desconocido para mí hasta ese instante) que hablaba de “una mirada a nuestra vida cotidiana”, el amor, la amistad, los vínculos humanos, la importancia de la conversación, la libertad, la identidad, la muerte… ese era Carlos Mario González Restrepo. Desde ese mismo momento y como “un puñetazo en pleno rostro”, me iluminé… y una conferencia tras otra —sin disminuir su intensidad— comenzaron a llegar las respuestas que tanto estaba ansiando.

Ese hombre que hablaba desde la pantalla para un auditorio a cientos de kilómetros de mi lugar, estaba mágicamente dándome las contestaciones más convincentes a mis eternas preguntas existenciales y no desde la creencia o la fe, como un sacerdote, sino desde el conocimiento rigurosamente adquirido y largamente estudiado de varias teorías y disciplinas: Historia, Filosofía, Antropología, Sociología, Literatura, Psicoanálisis etc., las que amaba desde mi formación en Bachillerato Humanístico y la Licenciatura en Psicología.

Feliz coincidencia… también era colombiano, nacido en un pueblito antioqueño, y profesor de la Universidad en Medellín. Estos dos motivos me decidieron a escribirle y ponerme en contacto con él, aunque más no fuera para que supiera que tenía una admiradora en las tierras del sur del continente.

Ese contacto fue definitorio en mi vida, ¡qué caminos misteriosos o caprichosos tienen los encuentros con un maestro! …y ¿por qué la importancia del “ser colombiano”?

Todavía ensayo respuestas a esa interrogante, pero tengo pensado descubrirlo este año cuando viaje a Medellín a conocer esa tierra que me ha fascinado a la distancia, la tierra también “hace” a la gente que en ella habita.

Inmensa sorpresa para mí fue la acogida que tuvo mi mail, lejos de encontrarme con un profesor ocupado en sus quehaceres académicos y sin tiempo para atender admiradoras, me encontré con esa profunda sensibilidad que sólo se encuentra en los grandes seres humanos y que para este caso llamaría “colombianidad”, que generosamente me abrió puertas para compartir mundos y para conocer a otro intelectual valiosísimo como Estanislao Zuleta. Desde entonces he tratado de corresponder a tanta cordialidad y enriquecimiento con un puente de verdadera amistad basado en la palabra y en el seguimiento de sus proyectos como el CEEZ y todos los esfuerzos y las luchas que encara Carlos Mario con contagioso entusiasmo.

 

Mi mirada sobre el CEEZ

En la conferencia sobre Nietzsche ofrecida en setiembre de 2016, el maestro Carlos Mario nos señalaba la equivocación de este pensador al creer que sólo la lectura de su libro “Así hablaba Zaratustra” iba a esclarecer la conciencia de los hombres y por tanto sus efectos lograrían un cambio cultural sin precedentes. Nos ofrecía como hipótesis que la despolitización de Nietzsche y su obra, no le permitía ver que era necesario además un conjunto de actos organizativos y políticos que contaran con un vínculo colectivo y participativo para plantar las nuevas ideas. En esa oportunidad ponía como ejemplo a San Pablo y su incansable tarea de formar escuela en cada lugar al que llegaba para transmitir sus creencias religiosas. Este ejemplo me sirvió para entender cabalmente las razones de la formación de este magnífico proyecto que es el CEEZ.

Desde el documento de su Acto de Fundación se expresa claramente como objetivo general “incidir en la sociedad combatiendo en el campo ideológico a favor de un proyecto social y humano como fuerza contraria a la injusticia, indignidad, inequidad y estupidez del modelo civilizatorio dominante”. Con las herramientas más nobles para esa tarea: cultivar la inteligencia y el conocimiento para la formación de un pensamiento crítico y creativo, el Centro de Estudios se dispone a la formación de intelectuales.

Estoy gratamente sorprendida y entusiasmada de ver como en apenas un año y medio de existencia, se advierte en este proyecto un proceso de rápido crecimiento, logrando para alcanzar sus objetivos conjugar:

  • Los encuentros con el público a través de los dos espacios de “Diálogos en la Ciudad” y “Conmemoremos” que son la puerta grande de llegada a la gente, de un contenido claro y asequible dominados por la genialidad de “nuestro encantador de serpientes” y el respaldo de una institución tan importante como la BPP entre otras.
  • Los usos de la informática en una página web muy moderna y creativa que pone al alcance de todos los interesados los contenidos de su intenso trabajo.
  • El programa de la UN radio, para aquellos haraganes a los que les cuesta encontrar un momento para leer un libro, facilitando la sutil penetración por la “escucha” con la voz de estos jóvenes inquietos e inteligentes.
  • Los cuadernos del CEEZ, publicación ambiciosa que vamos a sostener con “uñas y dientes” tanto en su financiamiento como en sus contenidos, registro imprescindible como huella de una acción.
  • A la interna del Centro de Estudios, un modelo organizativo que sería la envidia de San Pablo y Nietzsche! con sus comités de organización, finanzas y propaganda. Especial mención para la Tienda Cultural del CEEZ… que demuestra tanto tesón y laboriosidad en la tarea encomendada.
  • Palabras mayores para los Seminarios y sus contenidos que siendo como el corazón que bombea sangre vigorosa al resto del organismo, han logrado a través de la rigurosidad y la disciplina ir tejiendo en la formación esa diversidad transdisciplinaria que permite entender el pensamiento, el conocimiento, la actividad intelectual como un esfuerzo múltiple y consciente para hacer mejor nuestra vida, como lo planteaba Estanislao Zuleta (Artículo “La amistad y el saber: Estanislao Zuleta” de William Ospina, Revista Aquelarre Nº 26, 2014).

Para terminar quiero que sepan que uno de los fines de mi viaje es poder conocerlos y reafirmar todo esto que siento por ustedes como bellas personas y poder abrir mi ser a nuevos sentidos, respuestas y nuevas interrogantes.

Además debo confesarles que me siento en deuda con el CEEZ porque yo no tengo grandes cosas para aportarles… difícil alcanzar el nivel en que ustedes se encuentran… no soy una oradora brillante (cierta timidez que padezco me lo impediría), ni tengo trabajos o publicaciones premiados para compartir, ni una experiencia como militancia política que transmitirles. Soy (diría Carlos Mario) “gente común y corriente”, eso sí con gran curiosidad y posición de “camello” de aprendiz según Nietzsche, a veces ensayo algo de “león”, y al “niño” me cuesta bastante encontrarlo, pero me gusta el “tintico”, la cerveza y el vino con lo que podremos pasar largas veladas de conversación!

Una y mil veces GRACIAS y hasta pronto.

Denise.

 

Respuesta de nuestro director

Querida, queridísima Denise, tus palabras estrujaron mi corazón y me conmovieron en lo más hondo de mi alma. Tu manifestación es una altísima forma del reconocimiento para conmigo y para con el CEEZ, al tiempo que —a diferencia de lo que vos decís de vos misma— revelan la claridad , la sensibilidad y la inteligencia de una mujer plenamente viva y con la cual el diálogo personal que se anuncia promete ser un mar de ideas y sentimientos.
Haremos todo lo posible por traer a Medellín a Eduardo Gómez en los días de tu visita para que podás conocerlo y conversar con él. Pero, como no me creo lo que tu humildad quiere hacerme pensar, la belleza, la limpieza y la valía de tu carta me conduce de inmediato a pedirte que cuando estés con nosotros nos ofrezcás en el CEEZ una charla que podríamos titular “El drama y la esperanza de Colombia a los ojos de una amiga uruguaya”, al igual que quiero pedirte que nos autoricés a colgar en nuestro sitio web tu hermosa y fraternal carta, y te lo pido porque a veces es muy rico sentirnos orgullosos de nosotros mismos y tus palabras nos lo permiten de sobra. ¡Y claro que tu carta saldrá de inmediato hacia todos los miembros del CEEZ, pues ¿cómo retardarles esta alegría y ternura que sentirán?! Dicho sea de paso, mil gracias por tu admirable capacidad de sabio marino para deslizarte entre el Epsila y el Caribdis de nuestra diferencia crítica como CEEZ con Corpozuleta y la que se presentó entre Sandra y yo; se necesitaba tino y delicadeza para no escorar hacia ningún lado y para no encallar alguna de tus amistades. De verdad, esta actitud tuya para cruzar avante por el medio de nuestra tempestad, habla de tu nobleza y tu superioridad de espíritu y refrenda en nosotros el profundo afecto que guardamos por vos, nacido de tantos gestos amistosos con los que nos regalás permanentemente.
El más cálido y estrecho de los abrazos.

Carlos Mario González

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