Centro de Estudios Estanislao Zuleta

«Luchar sin descanso por una altísima existencia»

Hacer profesión de fe en el ser humano

Elías Canetti

Elias Canetti (1905-1994), escritor de origen búlgaro pero cuya obra escribió en lengua alemana, premio Nobel de 1981, encarna una lamentable paradoja de nuestro tiempo: su pensamiento es de los más lúcidos y vigorosos de la época en que vivimos pero, al mismo tiempo, de los más ignorados por el grueso de la gente. Escritor impecable e implacable, tal vez el relativo desconocimiento que rodea su obra tiene que ver con la opción intelectual por la que se inclinó: no acudir al lenguaje “políticamente correcto” y, en lugar de éste, nombrar la verdad de la condición humana de forma literal y sin medias tintas. La estrategia de Canetti es simple pero radical: digámonos la verdad respecto a lo que somos, hurguemos sin tibiezas en lo más hondo de nuestra condición humana, develemos el pozo infestado de barbarie, crueldad y atrocidad que guarda TODO ser humano en lo más propio de sí, reconozcámonos como la criatura potencial y prácticamente más impía y destructiva que habita este planeta y, como consecuencia de lo anterior, no neguemos nuestra tendencia a hacer del poder la forma de destitución o eliminación del otro (incluso la idealizada imagen de la madre es para Canetti, por el contrario, una de las formas más logradas de sometimiento del otro), reconozcamos la vocación que nos empuja a diluirnos en la masa y nuestra paranoica actitud ante el semejante, al igual que la angustia loca en que nos sume la muerte, el amor como máscara de la dominación, el individualismo como refugio frente al otro, la erudición en tanto línea de fuga ante el temor que nos suscita el humano diferente (es decir, todos los humanos), en fin, Canetti no retrocede en desentrañar nuestras más oscuras e indeseables verdades, pero, y sigamos precisando la estrategia de Canetti, si reconocemos sin tapujos lo que somos entonces podremos, vía el entendimiento, proceder de tal manera que controlemos la fiera que nos habita y encaucemos el destino de nuestra especie hacia nortes más promisorios, de tal manera que sin ingenuidades ni ilusiones falaces podamos fundamentar una real profesión de fe en el ser humano, ese que despliega su existencia individual y colectivamente.

Les invito, pues, a esta conferencia con el fin de hacerle un reconocimiento a este potentísimo y poco propalado pensador, atreviéndonos a seguir su propuesta: digamos la verdad de lo que somos para que podamos aspirar en forma realista a hacer una vida, personal y colectiva, de más elevados ideales y de mejores realizaciones.

Bibliografía recomendada, a partir de la cual ofreceré mi reflexión:
Masa y poder, Auto de fe, Libro de los muertos, El otro proceso de Kafka, Las voces de Marrakesch, El testigo oidor, Apuntes 1 y 2, y, finalmente su trilogía autobiográfica: La lengua salvada, La antorcha al oído y El juego de ojos.

Puede ver la conferencia en directo el martes 6 de junio a las 6:30 pm. haciendo click aquí.

160 años de Las Flores del Mal

Melancolía: El (anti)humanismo de Baudelaire

Quien se acerque desprevenidamente por primera vez a la poesía de Charles Baudelaire no podrá evitar sentir cierto malestar ante la imprudencia de sus versos. Baudelaire se presenta a su lector como un hombre misógino, crítico del progreso, abierto defensor de un elitismo dandista, como un resentido cuyo desprecio por el mundo no se agota en lo humano sino que trasciende también a lo divino (Ver Letanías a Satán y La negación de san Pedro). Pero quizá se sorprenda el lector si además se acerca a un par de datos biográficos del poeta, entenderá luego que Baudelaire era un hombre delicado, sensible y, aunque vacilante, temeroso de Dios. Algunos de sus biógrafos insisten en presentarlo como un mitómano que gustaba de ostentarse a sí mismo más inmoral de lo que realmente era. Lacerante y frágil, intempestivo y agobiado, Baudelaire ostentaría con justeza la etiqueta de Poeta maldito que luego se colgó a sus herederos.

El lector desprovisto de otro criterio distinto a su sentido común pasará rápidamente al enjuiciamiento psicológico o moral de la personalidad del poeta, mientras que en el lector atento surgirá la sospecha de que a esa contradictoria personalidad la habitan motivos más profundos que la imprudencia. El lector formado sabe que la verdad de una obra de arte está más allá de lo que a primera vista aparece. Decir que Baudelaire era un neurótico es una perogrullada, la forma como Baudelaire tramita su neurosis es aquí lo esencial: es en la forma estética donde el antihumanismo de Baudelaire deja ver su humanismo

Apreciar un poema de Baudelaire es apreciar cómo lo grotesco se sublima y se hace bello. Su poesía tiene el poder de elevar lo más bizarro a lo más espiritual: una inmunda carroña en medio de la vía da al poeta la ocasión para expresar a su amada el más genuino sentimiento (Ver Una carroña). Esta redención de las cosas que la concepción vulgar de la belleza olvida es lo que constituye el genio artístico de Baudelaire

Yo no pretendo que la alegría no pueda asociarse con la belleza, pero sí afirmo que la alegría es uno de los adornos más vulgares; mientras que la melancolía es, por así decirlo, su ilustre compañera, hasta el punto de que no concibo un tipo de belleza en que no entre la desgracia. (Baudelaire: Mi corazón al desnudo y otros papeles íntimos)

La melancolíaSpleen como aparece en Las Flores del Mal— es la tristeza que surge ante la contradicción del deseo de transformar el mundo y la imposibilidad de lograr esa transformación. La belleza que vive de espaldas al horror es una belleza vulgar porque se instala plácidamente en un mundo horroroso y se convierte en instancia de legitimación suya. Sobre la belleza melancólica, en cambio, se levanta el verdadero humanismo: en lugar de ir buscando “el lado bueno de las cosas” toma las cosas en su conjunto y las manifiesta siempre como lamento o como grito de protesta.

Todos los grandes poetas se convierten, naturalmente, fatalmente, en críticos. Me dan lástima los poetas a quienes guía sólo el instinto; los creo incompletos. Es imposible que en el poeta no esté contenido el crítico. Por lo tanto, el lector no quedará asombrado si le digo que considero al poeta como el mejor de los críticos (Baudelaire, Citado por Eduardo Gómez: La función estética y social de la poesía)

Los grandes poetas, aquellos que no se satisfacen con la parcialidad sino aquellos que son completos, asumen un compromiso radical con la belleza aún en medio de fealdad. Los grandes poetas son por eso mismo indefectiblemente críticos. Ellos no están buscando lidiar con sus problemas personales sino con los universales. Reducir a un artista a sus fantasmas personales —como algunas biografías pretendieron hacerlo con Baudelaire— es, pues, quedarse en el punto de partida. En una discusión con cierto círculo marxista decía Sartre: “Valéry es un intelectual pequeñoburgués, no cabe la menor duda. Pero todo intelectual pequeñoburgués no es Valéry”; el mismo cuestionamiento cabría hacerle a quienes reducen a Baudelaire su condición neurótica. Es lo que el artista hace con sus fantasmas lo que determina su genio.

Esta tensión entre los dramas personales y el genio artístico, entre la inclemencia del mundo y la dimensión trascendente de la forma estética, esta belleza melancólica que caracteriza la obra de Baudelaire, aparece claramente manifiesta en el primero de los poemas de Las Flores del Mal que a continuación compartimos en la traducción de Estanislao Zuleta como homenaje de nuestro Centro de Estudios a los 160 años de publicación de esta obra.

 

Bendición

Cuando, por un decreto de potencias supremas,
El poeta aparece en este mundo hastiado
Su madre horrorizada y llena de blasfemias
Se crispa contra Dios, que la escucha apiadado.

¿Por qué no habré parido todo un nudo de víboras
Antes que concebir este ser irrisorio?
Maldita sea la noche de placeres efímeros
En que fuera engendrado mi suplicio expiatorio.

Puesto que fui elegida entre tantas mujeres
Para traer desgracia a mi esposo maltrecho,
Y que como una carta clandestina de amores
No se puede quemar el monstruo contrahecho.

Ya sabré yo volver tu odio que me aplasta
Contra este instrumento de tu malignidad,
Y sabré castigar esta planta nefasta
Para que sus retoños no puedan infectar.

Y mientras así rumia su odio y su tormento
Sin poder comprender los sempiternos planes,
Prepara las hogueras que consagra el infierno
A los inolvidables crímenes maternales.

Bajo la protección de un ángel invisible
El niño desechado se emborracha de sol
Todo lo que cosecha su experiencia sensible
Es licor de los dioses, néctar embriagador.

Él charla con las nubes y juega con los vientos,
Es feliz mientras sigue la ruta de su cruz,
El genio que lo guía llora al verlo contento
Como un pájaro libre en una selva azul.

Siempre le temen todos los que él quisiera amar,
O al contrario se enervan por su porte flemático,
Y para hacerlo blanco de su ferocidad
De alguna culpa siempre procuran acusarlo.

En su pan y su vino mezclan escupitajos,
Y con desdén hipócrita apartan lo que toca,
Piensan haber caído horriblemente bajo
Cuando por azar cruzan la vía que le es propia.

Su mujer va gritando por los lugares públicos:
Si me encuentra tan bella para rendirme culto,
Adoptando el papel de los antiguos ídolos
Me cubriré de oro como ellos, a mi gusto.

Me embriagaré de nardos, de inciensos y de mirras,
Y de genuflexiones, de carnes y de vinos,
Usurparé con creces en un ser que me admira,
Todos los exaltados homenajes divinos.

Y cuando esté cansada de esas farsas impías,
Mi mano fuerte y frágil sellará su destino,
Mis garras afiladas como las de una arpía
Hasta su corazón se abrirán un camino,

Y como un joven pájaro que tiembla y que palpita,
Arrancaré del pecho su rojo corazón,
Para satisfacer mi bestia favorita
Se lo arrojaré al suelo, con desdén, sin pasión.

Hacia el cielo, en el cual ve un espléndido trono,
El poeta sereno dirige su plegaria,
Y los potentes rayos de su espíritu lúcido
Le impiden ver los pueblos erizados de rabia.

Bendito tú, señor, que das el sufrimiento
Como santo remedio de nuestras impurezas,
Y como el más excelso y más puro fermento
Que para los sagrados placeres nos da fuerza.

Yo sé bien que tú guardas un lugar al poeta
En las filas felices de tus santas legiones,
Y que es un invitado tuyo a la eterna fiesta
De virtudes, dominios y permanentes dones.

Yo sé bien que el dolor es la nobleza prístina
Contra la que no pueden la tierra y los infiernos,
Y que para tejer mi gran corona mística,
Hay que vencer los mundos y dominar los tiempos.

Ni las joyas perdidas de viejas capitales,
Los metales ocultos y las perlas del mar,
Montados por tu mano nunca serán bastantes
Para esta diadema deslumbrante adornar.

Porque estará tan solo revestida de luz,
Recogida en el foco de rayos primitivos,
Del que los ojos vivos en todos su esplendor,
No son más que reflejos vagos y oscurecidos.

Por: Juan David Gómez Osorio

A Eduardo Gómez, miembro honorífico del CEEZ

Eduardo Gómez, escritor y poeta

No hay honor en llamarse a sí mismo revolucionario cuando la lógica de la historia ofrece todas las garantías para la transformación social; es en la angustia que la adversidad del mundo produce donde la osadía del deseo revolucionario reclama su existencia. En un mundo donde los viejos no ven en nuestros anhelos y reclamos más que actitudes pueriles, la figura de un hombre octogenario que insiste en el declive del capitalismo y el reconocimiento de las fuerzas juveniles como motor del cambio social resulta inspiradora.

Conocemos la limitación de nuestras fuerzas y sabemos de la desproporción de nuestra lucha, pero no vacilamos en identificarnos con la osadía de Eduardo Gómez antes que con la tranquila certidumbre que ofrece el mundo dado. Conocemos también esta oferta tramposa: el capitalismo, pese a su ferocidad, se hace pasar por el más prudente de los sistemas para exigir legítimamente prudencia a todos los que domina. Prudencia, resignación, mesura y demás actitudes de este tipo han sido profesadas siempre como las más altas virtudes por todos aquellos sistemas que han identificado el riesgo que les significa un deseo verdaderamente apasionado. Eduardo es un convencido de que en un mundo injusto una vida tranquila es inmoral; ante la tentadora oferta del mundo de una serena vida ascética, él ha elegido una vida regida por la voluptuosidad de su deseo estético, ha hecho suya la máxima clásica de hacer de la propia vida una obra de arte.

La convicción política a Eduardo no le viene pues dada de la linealidad que los hechos del mundo ofrecen —si así fuera de seguro habría declinado en el camino como muchos de sus compañeros—, lo que ha permitido que su lucha, en lugar de menguarse con los años, se haya ennoblecido ha sido la osadía de ese deseo estético. El arte no toma sus reglas de la lógica de los hechos sino más bien de lo que los hechos esconden. El artista tiene la virtud de ver la verdad más allá de los hechos y de redimir esa verdad a través de la forma estética. Cada palabra de Eduardo es redentora: está cargada de esa fuerza portentosa que salva la verdad.

Sólo es bella una sociedad justa, mientras esa sociedad no exista, la belleza será la promesa de esa justicia. La estética no es una esfera independiente del mundo: es tan necesaria la estética para conquistar la libertad como la política para conquistar la belleza. ‹‹ La libertad política —dice Schiller— es la obra de arte más perfecta ››. Poesía y política, estética y ética; la praxis de Eduardo es para nosotros testimonio de que los mundos subjetivo y social, lejos de repelerse, se necesitan mutuamente. Eduardo encarna la figura del artista comprometido que sabe que su arte es suyo y de la humanidad, motivo por el cual hace de su talento una fuerza revolucionaria.

Desde el Centro de Estudios Estanislao Zuleta elogiamos la vida de este hombre y deseamos reconocer su lucha, su obra y su compromiso con el legado de Estanislao Zuleta nombrándolo Miembro Honorífico de nuestra organización. Deseamos que este reconocimiento dé a Eduardo la certeza de que su lucha no se agota con él, que esta modesta organización la recibe y la hace suya; de nuestra parte asumimos con este nombramiento la responsabilidad de estar a la altura de tan admirable subjetividad.

La labor formativa (por Carlos Mario González)

El trabajo hoy como negación cotidiana de nuestro ser

«Mientras permanezca trabajando, además de esforzar los órganos que trabajan, el obrero ha de aportar esa voluntad consciente del fin a que llamamos atención, atención que deberá ser tanto más reconcentrada cuanto menos atractivo sea el trabajo, por su carácter o por su ejecución, para quien lo realiza, es decir, cuanto menos disfrute de él el obrero como de un juego de sus fuerzas físicas y espirituales.»
(Capítulo V – El Capital)

 

Hace ciento cincuenta años el mundo veía cómo, desde las entrañas del continente europeo, se le asestaba uno de los golpes más efectivos a la ya consolidada sociedad capitalista, ese golpe del que jamás se repondrá fue un libro, publicado hace 150 años, llamado El Capital. Sino el único, por lo menos el primero que develaba con toda nitidez el funcionamiento real de una sociedad regida por el modo de producción capitalista, radiografiando su lógica interna, su inevitable proceso de explotación cada vez más creciente y despiadado sobre la naturaleza y el ser humano, todo ello para lograr una finalidad intocable: la acumulación ilimitada de riqueza.

El CEEZ homenajeará este año, tanto a dicho libro como a su creador, Karl Marx, referente conceptual de Estanislao Zuleta y de nuestro Centro de Estudios. Pero no es la conmemoración de la fecha como un acto protocolario para estar en sintonía con aniversarios históricos, pues como lo podrán evidenciar quienes nos acompañen el próximo 21 de junio, tanto Carlos Mario González como Daniela Cardona y Juan David Gómez, hablarán y expondrán en su conversación lo que es el fruto de la formación intelectual que en el seno de nuestra organización emprendemos, abordando en esta ocasión uno de los asuntos cruciales en El Capital de Marx: el problema del trabajo en el sistema capitalista, y cómo dicho sistema mediante el trabajo explota a los trabajadores asalariados -esos que la única propiedad que tienen es su fuerza de trabajo- y les expropia cotidianamente los sentidos que les permitirían expandir su existencia más allá del automatismo al que se someten en el diario vivir.

En tal conversación no haremos más que exponer el homenaje que le hacemos cada ocho días a un texto como El Capital cuando en los seminarios del CEEZ lo volvemos objeto de estudio y reflexión sistemática, y no de simples evocaciones simpáticas.

Vea el video de la conferencia haciendo click aquí:

La voluntad de entender y transformar la vida

Estanislao Zuleta

¿Acaso Freud, Marx o cualquiera otro, así sea sólo un buen divulgador de la cultura, pudieron llegar a ser lo que fueron sino confrontándose con los grandes pensadores y sobre todo consigo mismos, sin necesidad de pasar por una clase y presentar exámenes?
—Estanislao Zuleta

 

Uno de los rasgos que caracteriza la madurez de una sociedad es su capacidad de significar, valorar, preservar y desarrollar el tesoro cultural que le han legado las generaciones precedentes, esquivando el riesgo de dejar que esa herencia se diluya o se fosilice.
Estanislao Zuleta es un pensador sui-generis en la historia de nuestro país, un pensador que, allende sus errores y limitaciones, debe ser reconocido, conocido y transmitido mediante el expediente de acoger su obra para pensarla. En esta conferencia abordaré tres puntos en relación a la herencia de Zuleta y a la necesidad de saber hacer lo pertinente para que ésta no se extinga: 1) ¿Qué es lo que caracteriza y diferencia a Estanislao Zuleta frente a otros importantes pensadores que hemos tenido en la historia de Colombia, es decir, qué es lo propio de él, lo que lo singulariza en nuestro devenir cultural?; 2) ¿Qué quiere decir transmitir la empresa de un pensador más allá del tiempo en que desenvolvió su existencia?; 3) ¿Cuáles son los peligros, las tergiversaciones que amenazan la transmisión de la obra de Estanislao Zuleta y cuáles son las condiciones imprescindibles para que esta obra siga haciendo presencia en nuestra sociedad, de tal manera que las nuevas generaciones la recojan, la piensen y la desarrollen, evitando que el destino de este singular pensador antioqueño y colombiano sea el de ver colgado su impasible retrato en el museo inofensivo de las “figuras culturales de la historia patria”?
Pero esta invitación comprende una segunda parte. Para el Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ), organización que asume que su fundamental tarea es el combate ideológico, es un orgullo anunciar que ese martes 6 de junio será la iniciación de una bella y comprometedora aventura que asumimos como un decisivo paso cualificador de nuestro proyecto social e intelectual: la materialización de una línea editorial propia, la cual dará a luz cada cuatro meses un libro, constituyendo así una serie que llevará por nombre “Cuadernos del Centro de Estudios Estanislao Zuleta para la reflexión y la crítica”. El libro que este 6 de junio inaugurará la serie, tiene por título La voluntad de entender y transformar la vida, y comprenderá dos escritos, uno de Eduardo Gómez y otro de Carlos Mario González, ambos en la perspectiva de recoger a Estanislao Zuleta y de avanzar reflexionando sobre problemas que él nos dejó planteados.
Ahora, como el CEEZ abre este nuevo frente de su compromiso social asumiendo que un libro es una “herramienta de lucha”, hemos apostado por publicar un bello texto de 110 páginas, sin buscar beneficio económico con él, privilegiando el acceso de quienes nos interesan como destinatarios: todo aquel que tenga el deseo de entender y cuestionar el mundo que tenemos y la vida que hacemos, razón por la cual los asistentes a la Piloto podrán acceder al ejemplar a un costo de $5.000. No está de más decir que los ensayos de los libros de aparición cuatrimestral serán escritos por miembros del CEEZ como fruto y expresión de la Escuela de Formación en Pensamiento Crítico que hemos constituido hace año y medio, en la cual laboramos en forma disciplinada semana a semana a la luz del propósito bien zuletiano de formar nuevas camadas de intelectuales críticos y comprometidos socialmente.
Para terminar, anunciarles que el segundo libro aparecerá el 3 de octubre y abordará el asunto “Sartre y Camus: la amistad es cosa de principios”, al tiempo que indicarles que las puertas del CEEZ están abiertas para cualquiera que desee aproximarse a nuestra labor o quiera solidarizarse con ella.

Vea el video de la conferencia haciendo click aquí:

Vivir es lo más raro que hay en el mundo

Oscar Wilde

Oscar Wilde

Wilde, exquisito e irreverente, desató una mordaz crítica contra su época y su sociedad, pero no calculó la desproporcionada violencia y ferocidad con la que se le respondería y de resultas de lo cual se extinguirían prematuramente su vida y su obra. Wilde cuestionó frontalmente la moral sexual, el papel del periodismo, el empobrecimiento cultural moderno, el trabajo enajenador y el daño material y espiritual que inflige una sociedad que hace de la propiedad privada un medio y un fin absolutos. La implacable respuesta de todos los poderes confabulados delineó el trágico final del autor de El retrato de Dorian Gray.

Esta conferencia buscará traer hasta nosotros el drama que se entretejió entre vida y obra de Wilde, por un lado, y poderes sociales hegemónicos, por otro, para resaltar en el agudo autor del Reino Unido la pertinencia de su encendido reclamo a favor de una sociedad más digna y una humanidad regida por ideales más elevados. Espero, pues, que nos podamos encontrar para compartir una mirada al aporte de Wilde y a su vigencia en nuestros días.

Vea el video de la conferencia haciendo click aquí:

En primer lugar, soy escritura

Katherine Mansfield

Katherine Mansfield

Murió muy joven, demasiado joven, apenas de 34 años, pero fue suficiente para vivir una vida intensa, para hacer una literatura inolvidable. Se integró a esa serie de valientes mujeres (Lou Salomé, Isadora Duncan, Camille Claudel, Marguerite Yourcenar, Milena Jesenska, etc.) que a comienzos del siglo xx reclamaron para sí el más preciado bien humano: la autonomía personal, y que con su particular actitud mucho contribuyeron a desbrozar el camino de la libertad para las mujeres venideras. El amor, la sexualidad, la muerte, el matrimonio, la soledad, la angustia, la enfermedad fueron asuntos cercanos a su vida y a su obra. Como Kafka, como Chejov, como Proust, coetáneos suyos, murió sin querer morir.

A conocer un poco a esta feliz y adolorida mujer, a aproximarnos al valor de su obra, a seguirla en sus luchas y en su soledad, a acompañarla en su indeseada caída en la muerte, en fin, a conocer un bello ser humano, es a lo que les invito en la Biblioteca Pública Piloto, este martes 2 de mayo a las 6:30 p.m.

Entretanto los dejo con unas palabras de Katherine Mansfield que la retratan de cuerpo entero: “El estado de indiferencia es realmente extraño en mi naturaleza y vivir en él es la única forma de infierno que yo puedo concebir”.

Vea el video de la conferencia haciendo click aquí:

Ser mujer es ser soberana de sí

Lou Andreas-Salomé

Lou Andreas-Salomé

Si uno quisiera resumir la razón de ser que animó la existencia de Lou Andreas Salomé, no habría mejor forma de hacerlo que citando sus propias palabras: “Ni puedo ajustarme a un modelo ni ser modelo para nadie; pero puedo, eso sí, formar mi propia vida a mi manera y esto es lo que voy a hacer, cualquiera que sea el resultado”. Ese fue el emblema de su existencia: no tener amos de ningún tipo, llámese padres o esposo, es decir, defendió como sagrado el principio que la llamaba a ser soberana de sí. ¿Quién fue, pues, y qué existencia talló esta mujer que nunca abdicó de sí y que tanto significó en la vida de hombres como Nietzsche, Rilke y Freud, por mencionar algunos? Pero, sobre todo, lo que ella fue, ¿cómo puede permitirnos dar cuenta de lo que cada uno de nosotros es?

Dar cuenta de lo anterior y de otros aspectos de la vida de esa excepcional mujer que fue Lou Andreas Salomé, es el propósito de esta conferencia, a la cual les estoy invitando cordialmente, al tiempo que les agradezco que propaguen esta invitación entre sus cercanos y conocidos.

Vea el video de la conferencia haciendo click aquí:

La verdad se paga

Sigmund Freud

Sigmund Freud

“El hombre viejo en vano se afana por el amor de la mujer, como lo recibiera primero de la madre; solo la tercera de las mujeres del destino, la callada diosa de la muerte, lo acogerá en sus brazos.”

Estas palabras del rey Lear, de Shakespeare, las hizo Freud suyas a la hora de pensar en los tres lugares que ocupa la mujer en la vida del hombre. La mujer, la sexualidad, la muerte, el amor, el deseo, etc., todo esto visto en el contexto de la particular concepción de Freud sobre la criatura humana como sujetada a lo inconsciente, más el rastreo de una vida que asumió con valentía su destino, sin rendirse ante los costos de sus decisiones y sin doblegarse ante los errores en que incurrió, en síntesis, el valor de una obra y el coraje de su creador serán el centro de atención de esta conferencia a la que gustosamente les estoy invitando.

Espero que nos podamos encontrar para desarrollar estos asuntos.

Vea el video de la conferencia haciendo click aquí:

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