Centro de Estudios Estanislao Zuleta

«Luchar sin descanso por una altísima existencia»

Una mujer entre el amor y la revolución

Rosa Luxemburgo

La noche del 15 de enero de 1919 era fría y desapacible cuando un escuadrón de asalto del ejército alemán arrestó en Berlín a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, los dos más notables dirigentes de la Liga Espartaquista, núcleo del recién fundado Partido Comunista Alemán. Los llevaron a un hotel, los torturaron sin piedad hasta hacerles perder la consciencia, los cargaron malheridos y le descerrajaron a cada uno un tiro a mansalva. Luego “la rosa roja del socialismo”, posiblemente todavía con vida, es arrojada a las aguas congeladas de un río que pasa por allí. Su cadáver sólo aparecerá cuatro meses más tarde. A Liebknecht también lo lanzan a otro río cercano, con igual final.

Pero detengámonos un momento en nuestra Rosa. ¿Qué tiene esta mujer que no se eleva más de 1.50 del suelo, que padece de una ligera cojera que trata de disimular, oradora fascinante, lectora infatigable, escritora original, sensible a la gran literatura, amorosa de la naturaleza, de las plantas, de la música, de la pintura, lúcida dirigente, aguerrida en la polémica, firme en sus convicciones, valiente a la hora de arriesgar hasta la vida por su causa social, cautivante conversadora y apasionada a más no poder por el hombre amado (esto lo veremos con cierto nivel de detalle), qué tiene, repito, una mujer así como para desatar la ferocidad impía con la que los esbirros del régimen pusieron fin a su valiosa vida cuando iba a cumplir apenas 48 años? Responder esto es lo que me propongo hacer en la conferencia, pero de momento puedo anticipar una clave revelada en palabras de la misma Rosa Luxemburgo: “Luchar por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”. Fue esto lo que no le perdonaron. Pero es por esto que hoy la recordamos.

Vea el video de la conferencia haciendo click aquí:

Luchar por lo común para defender nuestra individualidad

Luchar por lo común para defender nuestra individualidad

Nuestra individualidad es una conquista histórica de la que no estamos dispuestos a abdicar. Las reivindicaciones de los colonizados, de los negros, de las mujeres, de los homosexuales, son reivindicaciones de las diversas formas de ser de la existencia humana; la dignificación del individuo particular es la dignificación de la humanidad. En la sociedad en que vivimos, no obstante, la potencialización de lo individual como potencialización de lo general está en crisis. Se nos suele decir que la lucha por lo individual es una lucha en lo individual y para lo individual. Luchar por los propios intereses significa concentrarse exclusivamente en el sí mismo, vencer la competencia, escalar tanto como sea posible sin miramiento de los otros, en una palabra: ser egoístas. Se suele perder de vista que la defensa del egoísmo en lugar de potenciar la individualidad, la anula, pues la lucha entre egoístas no hace más que truncar sistemáticamente a los competidores. Por contradictorio que parezca, defender la individualidad sólo es posible cuando se lucha por lo común, pues sólo una sociedad que ha vencido la competencia entre sus miembros y ha instalado la igualdad material entre ellos puede apreciar el afloramiento de la más auténtica individualidad.

Una sociedad donde la igualdad económica posibilite la singularidad subjetiva era la apuesta de un pensador como Karl Marx. Nada más errado que la idea de que el comunismo marxista sería una sociedad burocratizada donde todos los bienes materiales y los talentos espirituales serian administrados con miras a que nadie fuera diferente de nadie. Para Marx es precisamente la desigualdad económica la que produce la grosera identidad entre los individuos (el dinero como común denominador del deseo); la igualdad económica en cambio sería la condición para el desarrollo de necesidades verdaderamente libres del interés material y, en este sentido, verdaderamente diferenciadoras entre los hombres.

Luchar por lo común para defender nuestra individualidad es el tema que del Centro de Estudios Estanislao Zuleta hemos elegido para homenajear los 150 años de la publicación de El Capital de Marx. Los invitamos a que nos acompañen este miércoles 19 de julio en la Biblioteca Pública Piloto a las 6:30pm.

Vea el video de la conversación haciendo click aquí:

Correspondencia desde Uruguay

El drama y la esperanza de Colombia a los ojos de una amiga uruguaya

El CEEZ quisiera compartir las bellas palabras que ha recibido desde Uruguay por nuestra querida amiga Denise Saravia, así como la respuesta de Carlos Mario González, director del CEEZ.

Montevideo, julio 2017.

 

Preparando el encuentro

Tengo el inmenso honor de estar integrada amorosamente a un grupo humano llamado Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ) en homenaje al distinguido pensador e intelectual colombiano.

¿Cómo llegué allí?… Este recorrido comienza hace cuatro o cinco años, cuando luego de muchos intentos y vueltas decido iniciar una nueva etapa y afrontar mi vida en una soledad creativa. Este tiempo me permitió tomar distancia de la rutina cotidiana y poder entablar un diálogo íntimo, una búsqueda propia.

Un día llegaron a mis manos dos libros: “El desbarrancadero” como relato del dolor que provoca el sinsentido de la muerte de un hermano y “Los días azules”, ambos del escritor colombiano Fernando Vallejo. Un recorrido biográfico del niño que fue, nacido en Medellín, Colombia. La forma de relatar un espacio geográfico, una época, una ciudad, una calle, una casa y una familia, me atrapó como una concepción muy trágica de la vida. Ya se esbozaban en mí algunas preguntas existenciales: qué somos, el amor, el sentido profundo de la existencia, la vejez, la muerte, etc. —que si bien siempre me acompañaron— ahora comenzaban a martillar más fuerte y con una imperiosa necesidad de respuesta.

A partir de allí seguí buscando en la literatura colombiana autores que reflejaran esa sensibilidad difícil de explicar, tan propia y a la vez tan entrañable… y fueron apareciendo como una cascada nombres de autores como: William Ospina (“La franja amarilla”), Alfredo Molano (“A lomo de mula”, “Ahí les dejo esos fierros” y diversos artículos periodísticos), Jorge Orlando Melo (“Colombia Hoy”), Héctor Abad Faciolince (“La Oculta”), Piedad Bonett, Laura Restrepo, Jorge Franco, Juan Gabriel Vázquez, etc. También en esa búsqueda hacen figura en mí algunos intelectuales colombianos y personalidades como la de Camilo Torres, Fals Borda, el Padre De Roux, Héctor Abad Gómez, Umaña Mendoza y otros. Ellos me introdujeron no sólo en las historias biográficas y personales sino también en la profunda peripecia de una sociedad muy castigada y sufrida a pesar de lo cual no perdía la alegría y el deseo, la fuerza de vivir y luchar en un mundo complejo y hostil.

Toda esa “colombianidad” me fue envolviendo con el anhelo de conocer más y más historias y detalles de una realidad que estaba sucediendo aquí en América Latina, no muy lejos de mi lugar en el mundo, un pequeño país sobre el Río de la Plata llamado República Oriental del Uruguay.

Fue así que rastreando en la historia del siglo XX y conmovida por los episodios de 1948, la muerte de ese inmenso líder que fue Jorge Eliecer Gaitán y el posterior Bogotazo, mis navegaciones por Internet me toparon con una conferencia de un intelectual colombiano, Profesor de la Universidad Nacional (que claro está era un desconocido para mí hasta ese instante) que hablaba de “una mirada a nuestra vida cotidiana”, el amor, la amistad, los vínculos humanos, la importancia de la conversación, la libertad, la identidad, la muerte… ese era Carlos Mario González Restrepo. Desde ese mismo momento y como “un puñetazo en pleno rostro”, me iluminé… y una conferencia tras otra —sin disminuir su intensidad— comenzaron a llegar las respuestas que tanto estaba ansiando.

Ese hombre que hablaba desde la pantalla para un auditorio a cientos de kilómetros de mi lugar, estaba mágicamente dándome las contestaciones más convincentes a mis eternas preguntas existenciales y no desde la creencia o la fe, como un sacerdote, sino desde el conocimiento rigurosamente adquirido y largamente estudiado de varias teorías y disciplinas: Historia, Filosofía, Antropología, Sociología, Literatura, Psicoanálisis etc., las que amaba desde mi formación en Bachillerato Humanístico y la Licenciatura en Psicología.

Feliz coincidencia… también era colombiano, nacido en un pueblito antioqueño, y profesor de la Universidad en Medellín. Estos dos motivos me decidieron a escribirle y ponerme en contacto con él, aunque más no fuera para que supiera que tenía una admiradora en las tierras del sur del continente.

Ese contacto fue definitorio en mi vida, ¡qué caminos misteriosos o caprichosos tienen los encuentros con un maestro! …y ¿por qué la importancia del “ser colombiano”?

Todavía ensayo respuestas a esa interrogante, pero tengo pensado descubrirlo este año cuando viaje a Medellín a conocer esa tierra que me ha fascinado a la distancia, la tierra también “hace” a la gente que en ella habita.

Inmensa sorpresa para mí fue la acogida que tuvo mi mail, lejos de encontrarme con un profesor ocupado en sus quehaceres académicos y sin tiempo para atender admiradoras, me encontré con esa profunda sensibilidad que sólo se encuentra en los grandes seres humanos y que para este caso llamaría “colombianidad”, que generosamente me abrió puertas para compartir mundos y para conocer a otro intelectual valiosísimo como Estanislao Zuleta. Desde entonces he tratado de corresponder a tanta cordialidad y enriquecimiento con un puente de verdadera amistad basado en la palabra y en el seguimiento de sus proyectos como el CEEZ y todos los esfuerzos y las luchas que encara Carlos Mario con contagioso entusiasmo.

 

Mi mirada sobre el CEEZ

En la conferencia sobre Nietzsche ofrecida en setiembre de 2016, el maestro Carlos Mario nos señalaba la equivocación de este pensador al creer que sólo la lectura de su libro “Así hablaba Zaratustra” iba a esclarecer la conciencia de los hombres y por tanto sus efectos lograrían un cambio cultural sin precedentes. Nos ofrecía como hipótesis que la despolitización de Nietzsche y su obra, no le permitía ver que era necesario además un conjunto de actos organizativos y políticos que contaran con un vínculo colectivo y participativo para plantar las nuevas ideas. En esa oportunidad ponía como ejemplo a San Pablo y su incansable tarea de formar escuela en cada lugar al que llegaba para transmitir sus creencias religiosas. Este ejemplo me sirvió para entender cabalmente las razones de la formación de este magnífico proyecto que es el CEEZ.

Desde el documento de su Acto de Fundación se expresa claramente como objetivo general “incidir en la sociedad combatiendo en el campo ideológico a favor de un proyecto social y humano como fuerza contraria a la injusticia, indignidad, inequidad y estupidez del modelo civilizatorio dominante”. Con las herramientas más nobles para esa tarea: cultivar la inteligencia y el conocimiento para la formación de un pensamiento crítico y creativo, el Centro de Estudios se dispone a la formación de intelectuales.

Estoy gratamente sorprendida y entusiasmada de ver como en apenas un año y medio de existencia, se advierte en este proyecto un proceso de rápido crecimiento, logrando para alcanzar sus objetivos conjugar:

  • Los encuentros con el público a través de los dos espacios de “Diálogos en la Ciudad” y “Conmemoremos” que son la puerta grande de llegada a la gente, de un contenido claro y asequible dominados por la genialidad de “nuestro encantador de serpientes” y el respaldo de una institución tan importante como la BPP entre otras.
  • Los usos de la informática en una página web muy moderna y creativa que pone al alcance de todos los interesados los contenidos de su intenso trabajo.
  • El programa de la UN radio, para aquellos haraganes a los que les cuesta encontrar un momento para leer un libro, facilitando la sutil penetración por la “escucha” con la voz de estos jóvenes inquietos e inteligentes.
  • Los cuadernos del CEEZ, publicación ambiciosa que vamos a sostener con “uñas y dientes” tanto en su financiamiento como en sus contenidos, registro imprescindible como huella de una acción.
  • A la interna del Centro de Estudios, un modelo organizativo que sería la envidia de San Pablo y Nietzsche! con sus comités de organización, finanzas y propaganda. Especial mención para la Tienda Cultural del CEEZ… que demuestra tanto tesón y laboriosidad en la tarea encomendada.
  • Palabras mayores para los Seminarios y sus contenidos que siendo como el corazón que bombea sangre vigorosa al resto del organismo, han logrado a través de la rigurosidad y la disciplina ir tejiendo en la formación esa diversidad transdisciplinaria que permite entender el pensamiento, el conocimiento, la actividad intelectual como un esfuerzo múltiple y consciente para hacer mejor nuestra vida, como lo planteaba Estanislao Zuleta (Artículo “La amistad y el saber: Estanislao Zuleta” de William Ospina, Revista Aquelarre Nº 26, 2014).

Para terminar quiero que sepan que uno de los fines de mi viaje es poder conocerlos y reafirmar todo esto que siento por ustedes como bellas personas y poder abrir mi ser a nuevos sentidos, respuestas y nuevas interrogantes.

Además debo confesarles que me siento en deuda con el CEEZ porque yo no tengo grandes cosas para aportarles… difícil alcanzar el nivel en que ustedes se encuentran… no soy una oradora brillante (cierta timidez que padezco me lo impediría), ni tengo trabajos o publicaciones premiados para compartir, ni una experiencia como militancia política que transmitirles. Soy (diría Carlos Mario) “gente común y corriente”, eso sí con gran curiosidad y posición de “camello” de aprendiz según Nietzsche, a veces ensayo algo de “león”, y al “niño” me cuesta bastante encontrarlo, pero me gusta el “tintico”, la cerveza y el vino con lo que podremos pasar largas veladas de conversación!

Una y mil veces GRACIAS y hasta pronto.

Denise.

 

Respuesta de nuestro director

Querida, queridísima Denise, tus palabras estrujaron mi corazón y me conmovieron en lo más hondo de mi alma. Tu manifestación es una altísima forma del reconocimiento para conmigo y para con el CEEZ, al tiempo que —a diferencia de lo que vos decís de vos misma— revelan la claridad , la sensibilidad y la inteligencia de una mujer plenamente viva y con la cual el diálogo personal que se anuncia promete ser un mar de ideas y sentimientos.
Haremos todo lo posible por traer a Medellín a Eduardo Gómez en los días de tu visita para que podás conocerlo y conversar con él. Pero, como no me creo lo que tu humildad quiere hacerme pensar, la belleza, la limpieza y la valía de tu carta me conduce de inmediato a pedirte que cuando estés con nosotros nos ofrezcás en el CEEZ una charla que podríamos titular “El drama y la esperanza de Colombia a los ojos de una amiga uruguaya”, al igual que quiero pedirte que nos autoricés a colgar en nuestro sitio web tu hermosa y fraternal carta, y te lo pido porque a veces es muy rico sentirnos orgullosos de nosotros mismos y tus palabras nos lo permiten de sobra. ¡Y claro que tu carta saldrá de inmediato hacia todos los miembros del CEEZ, pues ¿cómo retardarles esta alegría y ternura que sentirán?! Dicho sea de paso, mil gracias por tu admirable capacidad de sabio marino para deslizarte entre el Epsila y el Caribdis de nuestra diferencia crítica como CEEZ con Corpozuleta y la que se presentó entre Sandra y yo; se necesitaba tino y delicadeza para no escorar hacia ningún lado y para no encallar alguna de tus amistades. De verdad, esta actitud tuya para cruzar avante por el medio de nuestra tempestad, habla de tu nobleza y tu superioridad de espíritu y refrenda en nosotros el profundo afecto que guardamos por vos, nacido de tantos gestos amistosos con los que nos regalás permanentemente.
El más cálido y estrecho de los abrazos.

Carlos Mario González

Hacer profesión de fe en el ser humano

Elías Canetti

Elias Canetti (1905-1994), escritor de origen búlgaro pero cuya obra escribió en lengua alemana, premio Nobel de 1981, encarna una lamentable paradoja de nuestro tiempo: su pensamiento es de los más lúcidos y vigorosos de la época en que vivimos pero, al mismo tiempo, de los más ignorados por el grueso de la gente. Escritor impecable e implacable, tal vez el relativo desconocimiento que rodea su obra tiene que ver con la opción intelectual por la que se inclinó: no acudir al lenguaje “políticamente correcto” y, en lugar de éste, nombrar la verdad de la condición humana de forma literal y sin medias tintas. La estrategia de Canetti es simple pero radical: digámonos la verdad respecto a lo que somos, hurguemos sin tibiezas en lo más hondo de nuestra condición humana, develemos el pozo infestado de barbarie, crueldad y atrocidad que guarda TODO ser humano en lo más propio de sí, reconozcámonos como la criatura potencial y prácticamente más impía y destructiva que habita este planeta y, como consecuencia de lo anterior, no neguemos nuestra tendencia a hacer del poder la forma de destitución o eliminación del otro (incluso la idealizada imagen de la madre es para Canetti, por el contrario, una de las formas más logradas de sometimiento del otro), reconozcamos la vocación que nos empuja a diluirnos en la masa y nuestra paranoica actitud ante el semejante, al igual que la angustia loca en que nos sume la muerte, el amor como máscara de la dominación, el individualismo como refugio frente al otro, la erudición en tanto línea de fuga ante el temor que nos suscita el humano diferente (es decir, todos los humanos), en fin, Canetti no retrocede en desentrañar nuestras más oscuras e indeseables verdades, pero, y sigamos precisando la estrategia de Canetti, si reconocemos sin tapujos lo que somos entonces podremos, vía el entendimiento, proceder de tal manera que controlemos la fiera que nos habita y encaucemos el destino de nuestra especie hacia nortes más promisorios, de tal manera que sin ingenuidades ni ilusiones falaces podamos fundamentar una real profesión de fe en el ser humano, ese que despliega su existencia individual y colectivamente.

Les invito, pues, a esta conferencia con el fin de hacerle un reconocimiento a este potentísimo y poco propalado pensador, atreviéndonos a seguir su propuesta: digamos la verdad de lo que somos para que podamos aspirar en forma realista a hacer una vida, personal y colectiva, de más elevados ideales y de mejores realizaciones.

Bibliografía recomendada, a partir de la cual ofreceré mi reflexión:
Masa y poder, Auto de fe, Libro de los muertos, El otro proceso de Kafka, Las voces de Marrakesch, El testigo oidor, Apuntes 1 y 2, y, finalmente su trilogía autobiográfica: La lengua salvada, La antorcha al oído y El juego de ojos.

Vea el video de la conferencia haciendo click aquí:

160 años de Las Flores del Mal

Charles Baudelaire
(1821 – 1867)

Melancolía: El (anti)humanismo de Baudelaire

Quien se acerque desprevenidamente por primera vez a la poesía de Charles Baudelaire no podrá evitar sentir cierto malestar ante la imprudencia de sus versos. Baudelaire se presenta a su lector como un hombre misógino, crítico del progreso, abierto defensor de un elitismo dandista, como un resentido cuyo desprecio por el mundo no se agota en lo humano sino que trasciende también a lo divino (Ver Letanías a Satán y La negación de san Pedro). Pero quizá se sorprenda el lector si además se acerca a un par de datos biográficos del poeta, entenderá luego que Baudelaire era un hombre delicado, sensible y, aunque vacilante, temeroso de Dios. Algunos de sus biógrafos insisten en presentarlo como un mitómano que gustaba de ostentarse a sí mismo más inmoral de lo que realmente era. Lacerante y frágil, intempestivo y agobiado, Baudelaire ostentaría con justeza la etiqueta de Poeta maldito que luego se colgó a sus herederos.

El lector desprovisto de otro criterio distinto a su sentido común pasará rápidamente al enjuiciamiento psicológico o moral de la personalidad del poeta, mientras que en el lector atento surgirá la sospecha de que a esa contradictoria personalidad la habitan motivos más profundos que la imprudencia. El lector formado sabe que la verdad de una obra de arte está más allá de lo que a primera vista aparece. Decir que Baudelaire era un neurótico es una perogrullada, la forma como Baudelaire tramita su neurosis es aquí lo esencial: es en la forma estética donde el antihumanismo de Baudelaire deja ver su humanismo

Apreciar un poema de Baudelaire es apreciar cómo lo grotesco se sublima y se hace bello. Su poesía tiene el poder de elevar lo más bizarro a lo más espiritual: una inmunda carroña en medio de la vía da al poeta la ocasión para expresar a su amada el más genuino sentimiento (Ver Una carroña). Esta redención de las cosas que la concepción vulgar de la belleza olvida es lo que constituye el genio artístico de Baudelaire

Yo no pretendo que la alegría no pueda asociarse con la belleza, pero sí afirmo que la alegría es uno de los adornos más vulgares; mientras que la melancolía es, por así decirlo, su ilustre compañera, hasta el punto de que no concibo un tipo de belleza en que no entre la desgracia. (Baudelaire: Mi corazón al desnudo y otros papeles íntimos)

La melancolíaSpleen como aparece en Las Flores del Mal— es la tristeza que surge ante la contradicción del deseo de transformar el mundo y la imposibilidad de lograr esa transformación. La belleza que vive de espaldas al horror es una belleza vulgar porque se instala plácidamente en un mundo horroroso y se convierte en instancia de legitimación suya. Sobre la belleza melancólica, en cambio, se levanta el verdadero humanismo: en lugar de ir buscando “el lado bueno de las cosas” toma las cosas en su conjunto y las manifiesta siempre como lamento o como grito de protesta.

Todos los grandes poetas se convierten, naturalmente, fatalmente, en críticos. Me dan lástima los poetas a quienes guía sólo el instinto; los creo incompletos. Es imposible que en el poeta no esté contenido el crítico. Por lo tanto, el lector no quedará asombrado si le digo que considero al poeta como el mejor de los críticos (Baudelaire, Citado por Eduardo Gómez: La función estética y social de la poesía)

Los grandes poetas, aquellos que no se satisfacen con la parcialidad sino aquellos que son completos, asumen un compromiso radical con la belleza aún en medio de fealdad. Los grandes poetas son por eso mismo indefectiblemente críticos. Ellos no están buscando lidiar con sus problemas personales sino con los universales. Reducir a un artista a sus fantasmas personales —como algunas biografías pretendieron hacerlo con Baudelaire— es, pues, quedarse en el punto de partida. En una discusión con cierto círculo marxista decía Sartre: “Valéry es un intelectual pequeñoburgués, no cabe la menor duda. Pero todo intelectual pequeñoburgués no es Valéry”; el mismo cuestionamiento cabría hacerle a quienes reducen a Baudelaire su condición neurótica. Es lo que el artista hace con sus fantasmas lo que determina su genio.

Esta tensión entre los dramas personales y el genio artístico, entre la inclemencia del mundo y la dimensión trascendente de la forma estética, esta belleza melancólica que caracteriza la obra de Baudelaire, aparece claramente manifiesta en el primero de los poemas de Las Flores del Mal que a continuación compartimos en la traducción de Estanislao Zuleta como homenaje de nuestro Centro de Estudios a los 160 años de publicación de esta obra.

 

Bendición

Cuando, por un decreto de potencias supremas,
El poeta aparece en este mundo hastiado
Su madre horrorizada y llena de blasfemias
Se crispa contra Dios, que la escucha apiadado.

¿Por qué no habré parido todo un nudo de víboras
Antes que concebir este ser irrisorio?
Maldita sea la noche de placeres efímeros
En que fuera engendrado mi suplicio expiatorio.

Puesto que fui elegida entre tantas mujeres
Para traer desgracia a mi esposo maltrecho,
Y que como una carta clandestina de amores
No se puede quemar el monstruo contrahecho.

Ya sabré yo volver tu odio que me aplasta
Contra este instrumento de tu malignidad,
Y sabré castigar esta planta nefasta
Para que sus retoños no puedan infectar.

Y mientras así rumia su odio y su tormento
Sin poder comprender los sempiternos planes,
Prepara las hogueras que consagra el infierno
A los inolvidables crímenes maternales.

Bajo la protección de un ángel invisible
El niño desechado se emborracha de sol
Todo lo que cosecha su experiencia sensible
Es licor de los dioses, néctar embriagador.

Él charla con las nubes y juega con los vientos,
Es feliz mientras sigue la ruta de su cruz,
El genio que lo guía llora al verlo contento
Como un pájaro libre en una selva azul.

Siempre le temen todos los que él quisiera amar,
O al contrario se enervan por su porte flemático,
Y para hacerlo blanco de su ferocidad
De alguna culpa siempre procuran acusarlo.

En su pan y su vino mezclan escupitajos,
Y con desdén hipócrita apartan lo que toca,
Piensan haber caído horriblemente bajo
Cuando por azar cruzan la vía que le es propia.

Su mujer va gritando por los lugares públicos:
Si me encuentra tan bella para rendirme culto,
Adoptando el papel de los antiguos ídolos
Me cubriré de oro como ellos, a mi gusto.

Me embriagaré de nardos, de inciensos y de mirras,
Y de genuflexiones, de carnes y de vinos,
Usurparé con creces en un ser que me admira,
Todos los exaltados homenajes divinos.

Y cuando esté cansada de esas farsas impías,
Mi mano fuerte y frágil sellará su destino,
Mis garras afiladas como las de una arpía
Hasta su corazón se abrirán un camino,

Y como un joven pájaro que tiembla y que palpita,
Arrancaré del pecho su rojo corazón,
Para satisfacer mi bestia favorita
Se lo arrojaré al suelo, con desdén, sin pasión.

Hacia el cielo, en el cual ve un espléndido trono,
El poeta sereno dirige su plegaria,
Y los potentes rayos de su espíritu lúcido
Le impiden ver los pueblos erizados de rabia.

Bendito tú, señor, que das el sufrimiento
Como santo remedio de nuestras impurezas,
Y como el más excelso y más puro fermento
Que para los sagrados placeres nos da fuerza.

Yo sé bien que tú guardas un lugar al poeta
En las filas felices de tus santas legiones,
Y que es un invitado tuyo a la eterna fiesta
De virtudes, dominios y permanentes dones.

Yo sé bien que el dolor es la nobleza prístina
Contra la que no pueden la tierra y los infiernos,
Y que para tejer mi gran corona mística,
Hay que vencer los mundos y dominar los tiempos.

Ni las joyas perdidas de viejas capitales,
Los metales ocultos y las perlas del mar,
Montados por tu mano nunca serán bastantes
Para esta diadema deslumbrante adornar.

Porque estará tan solo revestida de luz,
Recogida en el foco de rayos primitivos,
Del que los ojos vivos en todos su esplendor,
No son más que reflejos vagos y oscurecidos.

Por: Juan David Gómez Osorio

A Eduardo Gómez, miembro honorífico del CEEZ

Eduardo Gómez, escritor y poeta

No hay honor en llamarse a sí mismo revolucionario cuando la lógica de la historia ofrece todas las garantías para la transformación social; es en la angustia que la adversidad del mundo produce donde la osadía del deseo revolucionario reclama su existencia. En un mundo donde los viejos no ven en nuestros anhelos y reclamos más que actitudes pueriles, la figura de un hombre octogenario que insiste en el declive del capitalismo y el reconocimiento de las fuerzas juveniles como motor del cambio social resulta inspiradora.

Conocemos la limitación de nuestras fuerzas y sabemos de la desproporción de nuestra lucha, pero no vacilamos en identificarnos con la osadía de Eduardo Gómez antes que con la tranquila certidumbre que ofrece el mundo dado. Conocemos también esta oferta tramposa: el capitalismo, pese a su ferocidad, se hace pasar por el más prudente de los sistemas para exigir legítimamente prudencia a todos los que domina. Prudencia, resignación, mesura y demás actitudes de este tipo han sido profesadas siempre como las más altas virtudes por todos aquellos sistemas que han identificado el riesgo que les significa un deseo verdaderamente apasionado. Eduardo es un convencido de que en un mundo injusto una vida tranquila es inmoral; ante la tentadora oferta del mundo de una serena vida ascética, él ha elegido una vida regida por la voluptuosidad de su deseo estético, ha hecho suya la máxima clásica de hacer de la propia vida una obra de arte.

La convicción política a Eduardo no le viene pues dada de la linealidad que los hechos del mundo ofrecen —si así fuera de seguro habría declinado en el camino como muchos de sus compañeros—, lo que ha permitido que su lucha, en lugar de menguarse con los años, se haya ennoblecido ha sido la osadía de ese deseo estético. El arte no toma sus reglas de la lógica de los hechos sino más bien de lo que los hechos esconden. El artista tiene la virtud de ver la verdad más allá de los hechos y de redimir esa verdad a través de la forma estética. Cada palabra de Eduardo es redentora: está cargada de esa fuerza portentosa que salva la verdad.

Sólo es bella una sociedad justa, mientras esa sociedad no exista, la belleza será la promesa de esa justicia. La estética no es una esfera independiente del mundo: es tan necesaria la estética para conquistar la libertad como la política para conquistar la belleza. ‹‹ La libertad política —dice Schiller— es la obra de arte más perfecta ››. Poesía y política, estética y ética; la praxis de Eduardo es para nosotros testimonio de que los mundos subjetivo y social, lejos de repelerse, se necesitan mutuamente. Eduardo encarna la figura del artista comprometido que sabe que su arte es suyo y de la humanidad, motivo por el cual hace de su talento una fuerza revolucionaria.

Desde el Centro de Estudios Estanislao Zuleta elogiamos la vida de este hombre y deseamos reconocer su lucha, su obra y su compromiso con el legado de Estanislao Zuleta nombrándolo Miembro Honorífico de nuestra organización. Deseamos que este reconocimiento dé a Eduardo la certeza de que su lucha no se agota con él, que esta modesta organización la recibe y la hace suya; de nuestra parte asumimos con este nombramiento la responsabilidad de estar a la altura de tan admirable subjetividad.

La labor formativa (por Carlos Mario González)

El trabajo hoy como negación cotidiana de nuestro ser

«Mientras permanezca trabajando, además de esforzar los órganos que trabajan, el obrero ha de aportar esa voluntad consciente del fin a que llamamos atención, atención que deberá ser tanto más reconcentrada cuanto menos atractivo sea el trabajo, por su carácter o por su ejecución, para quien lo realiza, es decir, cuanto menos disfrute de él el obrero como de un juego de sus fuerzas físicas y espirituales.»
(Capítulo V – El Capital)

 

Hace ciento cincuenta años el mundo veía cómo, desde las entrañas del continente europeo, se le asestaba uno de los golpes más efectivos a la ya consolidada sociedad capitalista, ese golpe del que jamás se repondrá fue un libro, publicado hace 150 años, llamado El Capital. Sino el único, por lo menos el primero que develaba con toda nitidez el funcionamiento real de una sociedad regida por el modo de producción capitalista, radiografiando su lógica interna, su inevitable proceso de explotación cada vez más creciente y despiadado sobre la naturaleza y el ser humano, todo ello para lograr una finalidad intocable: la acumulación ilimitada de riqueza.

El CEEZ homenajeará este año, tanto a dicho libro como a su creador, Karl Marx, referente conceptual de Estanislao Zuleta y de nuestro Centro de Estudios. Pero no es la conmemoración de la fecha como un acto protocolario para estar en sintonía con aniversarios históricos, pues como lo podrán evidenciar quienes nos acompañen el próximo 21 de junio, tanto Carlos Mario González como Daniela Cardona y Juan David Gómez, hablarán y expondrán en su conversación lo que es el fruto de la formación intelectual que en el seno de nuestra organización emprendemos, abordando en esta ocasión uno de los asuntos cruciales en El Capital de Marx: el problema del trabajo en el sistema capitalista, y cómo dicho sistema mediante el trabajo explota a los trabajadores asalariados -esos que la única propiedad que tienen es su fuerza de trabajo- y les expropia cotidianamente los sentidos que les permitirían expandir su existencia más allá del automatismo al que se someten en el diario vivir.

En tal conversación no haremos más que exponer el homenaje que le hacemos cada ocho días a un texto como El Capital cuando en los seminarios del CEEZ lo volvemos objeto de estudio y reflexión sistemática, y no de simples evocaciones simpáticas.

Vea el video de la conferencia haciendo click aquí:

La voluntad de entender y transformar la vida

Estanislao Zuleta

¿Acaso Freud, Marx o cualquiera otro, así sea sólo un buen divulgador de la cultura, pudieron llegar a ser lo que fueron sino confrontándose con los grandes pensadores y sobre todo consigo mismos, sin necesidad de pasar por una clase y presentar exámenes?
—Estanislao Zuleta

 

Uno de los rasgos que caracteriza la madurez de una sociedad es su capacidad de significar, valorar, preservar y desarrollar el tesoro cultural que le han legado las generaciones precedentes, esquivando el riesgo de dejar que esa herencia se diluya o se fosilice.
Estanislao Zuleta es un pensador sui-generis en la historia de nuestro país, un pensador que, allende sus errores y limitaciones, debe ser reconocido, conocido y transmitido mediante el expediente de acoger su obra para pensarla. En esta conferencia abordaré tres puntos en relación a la herencia de Zuleta y a la necesidad de saber hacer lo pertinente para que ésta no se extinga: 1) ¿Qué es lo que caracteriza y diferencia a Estanislao Zuleta frente a otros importantes pensadores que hemos tenido en la historia de Colombia, es decir, qué es lo propio de él, lo que lo singulariza en nuestro devenir cultural?; 2) ¿Qué quiere decir transmitir la empresa de un pensador más allá del tiempo en que desenvolvió su existencia?; 3) ¿Cuáles son los peligros, las tergiversaciones que amenazan la transmisión de la obra de Estanislao Zuleta y cuáles son las condiciones imprescindibles para que esta obra siga haciendo presencia en nuestra sociedad, de tal manera que las nuevas generaciones la recojan, la piensen y la desarrollen, evitando que el destino de este singular pensador antioqueño y colombiano sea el de ver colgado su impasible retrato en el museo inofensivo de las “figuras culturales de la historia patria”?
Pero esta invitación comprende una segunda parte. Para el Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ), organización que asume que su fundamental tarea es el combate ideológico, es un orgullo anunciar que ese martes 6 de junio será la iniciación de una bella y comprometedora aventura que asumimos como un decisivo paso cualificador de nuestro proyecto social e intelectual: la materialización de una línea editorial propia, la cual dará a luz cada cuatro meses un libro, constituyendo así una serie que llevará por nombre “Cuadernos del Centro de Estudios Estanislao Zuleta para la reflexión y la crítica”. El libro que este 6 de junio inaugurará la serie, tiene por título La voluntad de entender y transformar la vida, y comprenderá dos escritos, uno de Eduardo Gómez y otro de Carlos Mario González, ambos en la perspectiva de recoger a Estanislao Zuleta y de avanzar reflexionando sobre problemas que él nos dejó planteados.
Ahora, como el CEEZ abre este nuevo frente de su compromiso social asumiendo que un libro es una “herramienta de lucha”, hemos apostado por publicar un bello texto de 110 páginas, sin buscar beneficio económico con él, privilegiando el acceso de quienes nos interesan como destinatarios: todo aquel que tenga el deseo de entender y cuestionar el mundo que tenemos y la vida que hacemos, razón por la cual los asistentes a la Piloto podrán acceder al ejemplar a un costo de $5.000. No está de más decir que los ensayos de los libros de aparición cuatrimestral serán escritos por miembros del CEEZ como fruto y expresión de la Escuela de Formación en Pensamiento Crítico que hemos constituido hace año y medio, en la cual laboramos en forma disciplinada semana a semana a la luz del propósito bien zuletiano de formar nuevas camadas de intelectuales críticos y comprometidos socialmente.
Para terminar, anunciarles que el segundo libro aparecerá el 3 de octubre y abordará el asunto “Sartre y Camus: la amistad es cosa de principios”, al tiempo que indicarles que las puertas del CEEZ están abiertas para cualquiera que desee aproximarse a nuestra labor o quiera solidarizarse con ella.

Vea el video de la conferencia haciendo click aquí:

Las crisis de la fe: de su Reforma a su refutación

Las crisis de la fe: de su Reforma a su refutación

Las crisis de la fe: de su Reforma a su refutaciónDecir que el hombre es un ser esencialmente en falta es señalar la crisis como condición estructural suya. Valga decir: lo humano se configura en virtud de la crisis y no a pesar de ella. Si el arte y la filosofía han sido genuinos intentos de lo humano para palear esta su condición estructural, no lo ha sido menos la fe. A la fe la atraviesa y habita la crisis. No pretendo negar con esto la existencia de personas que se han mantenido seguras de su fe, afirmo más bien que la fe, en tanto respuesta a una falta, necesita de la falta para existir; en este sentido la postura de aquellos religiosos convencidos, lejos de disipar la condición crítica del hombre, la afirman. La religión cristiana particularmente ha sido consciente de esta condición crítica de la fe, de allí las innumerables reformas en su historia, siendo el hecho conocido como La Reforma el más trascendental. Conscientes de que pensar la fe es pensar la condición humana, en el Centro de Estudios Estanislao Zuleta rendimos un homenaje crítico a esta gesta encabezada por Martin Lutero hace 500 años. Un homenaje que trata de reconocer las grandezas y las miserias que este acontecimiento ha producido en la historia, con la intención última de reivindicar el humanismo que grandes figuras del siglo XIX defendieron. Los invitamos pues a que nos acompañen en este homenaje donde estaremos conversando, junto con Vincent Restrepo y Carlos Mario González, sobre esta relación entre crisis y fe y amablemente les solicito que propaguen esta invitación a sus conocidos.

Vea el video de la conversación haciendo click aquí:

Página 1 de 4

Creado con WordPress & Tema de Anders Norén

footer test