El drama y la esperanza de Colombia a los ojos de una amiga uruguaya

El CEEZ quisiera compartir las bellas palabras que ha recibido desde Uruguay por nuestra querida amiga Denise Saravia, así como la respuesta de Carlos Mario González, director del CEEZ.

Montevideo, julio 2017.

 

Preparando el encuentro

Tengo el inmenso honor de estar integrada amorosamente a un grupo humano llamado Centro de Estudios Estanislao Zuleta (CEEZ) en homenaje al distinguido pensador e intelectual colombiano.

¿Cómo llegué allí?… Este recorrido comienza hace cuatro o cinco años, cuando luego de muchos intentos y vueltas decido iniciar una nueva etapa y afrontar mi vida en una soledad creativa. Este tiempo me permitió tomar distancia de la rutina cotidiana y poder entablar un diálogo íntimo, una búsqueda propia.

Un día llegaron a mis manos dos libros: “El desbarrancadero” como relato del dolor que provoca el sinsentido de la muerte de un hermano y “Los días azules”, ambos del escritor colombiano Fernando Vallejo. Un recorrido biográfico del niño que fue, nacido en Medellín, Colombia. La forma de relatar un espacio geográfico, una época, una ciudad, una calle, una casa y una familia, me atrapó como una concepción muy trágica de la vida. Ya se esbozaban en mí algunas preguntas existenciales: qué somos, el amor, el sentido profundo de la existencia, la vejez, la muerte, etc. —que si bien siempre me acompañaron— ahora comenzaban a martillar más fuerte y con una imperiosa necesidad de respuesta.

A partir de allí seguí buscando en la literatura colombiana autores que reflejaran esa sensibilidad difícil de explicar, tan propia y a la vez tan entrañable… y fueron apareciendo como una cascada nombres de autores como: William Ospina (“La franja amarilla”), Alfredo Molano (“A lomo de mula”, “Ahí les dejo esos fierros” y diversos artículos periodísticos), Jorge Orlando Melo (“Colombia Hoy”), Héctor Abad Faciolince (“La Oculta”), Piedad Bonett, Laura Restrepo, Jorge Franco, Juan Gabriel Vázquez, etc. También en esa búsqueda hacen figura en mí algunos intelectuales colombianos y personalidades como la de Camilo Torres, Fals Borda, el Padre De Roux, Héctor Abad Gómez, Umaña Mendoza y otros. Ellos me introdujeron no sólo en las historias biográficas y personales sino también en la profunda peripecia de una sociedad muy castigada y sufrida a pesar de lo cual no perdía la alegría y el deseo, la fuerza de vivir y luchar en un mundo complejo y hostil.

Toda esa “colombianidad” me fue envolviendo con el anhelo de conocer más y más historias y detalles de una realidad que estaba sucediendo aquí en América Latina, no muy lejos de mi lugar en el mundo, un pequeño país sobre el Río de la Plata llamado República Oriental del Uruguay.

Fue así que rastreando en la historia del siglo XX y conmovida por los episodios de 1948, la muerte de ese inmenso líder que fue Jorge Eliecer Gaitán y el posterior Bogotazo, mis navegaciones por Internet me toparon con una conferencia de un intelectual colombiano, Profesor de la Universidad Nacional (que claro está era un desconocido para mí hasta ese instante) que hablaba de “una mirada a nuestra vida cotidiana”, el amor, la amistad, los vínculos humanos, la importancia de la conversación, la libertad, la identidad, la muerte… ese era Carlos Mario González Restrepo. Desde ese mismo momento y como “un puñetazo en pleno rostro”, me iluminé… y una conferencia tras otra —sin disminuir su intensidad— comenzaron a llegar las respuestas que tanto estaba ansiando.

Ese hombre que hablaba desde la pantalla para un auditorio a cientos de kilómetros de mi lugar, estaba mágicamente dándome las contestaciones más convincentes a mis eternas preguntas existenciales y no desde la creencia o la fe, como un sacerdote, sino desde el conocimiento rigurosamente adquirido y largamente estudiado de varias teorías y disciplinas: Historia, Filosofía, Antropología, Sociología, Literatura, Psicoanálisis etc., las que amaba desde mi formación en Bachillerato Humanístico y la Licenciatura en Psicología.

Feliz coincidencia… también era colombiano, nacido en un pueblito antioqueño, y profesor de la Universidad en Medellín. Estos dos motivos me decidieron a escribirle y ponerme en contacto con él, aunque más no fuera para que supiera que tenía una admiradora en las tierras del sur del continente.

Ese contacto fue definitorio en mi vida, ¡qué caminos misteriosos o caprichosos tienen los encuentros con un maestro! …y ¿por qué la importancia del “ser colombiano”?

Todavía ensayo respuestas a esa interrogante, pero tengo pensado descubrirlo este año cuando viaje a Medellín a conocer esa tierra que me ha fascinado a la distancia, la tierra también “hace” a la gente que en ella habita.

Inmensa sorpresa para mí fue la acogida que tuvo mi mail, lejos de encontrarme con un profesor ocupado en sus quehaceres académicos y sin tiempo para atender admiradoras, me encontré con esa profunda sensibilidad que sólo se encuentra en los grandes seres humanos y que para este caso llamaría “colombianidad”, que generosamente me abrió puertas para compartir mundos y para conocer a otro intelectual valiosísimo como Estanislao Zuleta. Desde entonces he tratado de corresponder a tanta cordialidad y enriquecimiento con un puente de verdadera amistad basado en la palabra y en el seguimiento de sus proyectos como el CEEZ y todos los esfuerzos y las luchas que encara Carlos Mario con contagioso entusiasmo.

 

Mi mirada sobre el CEEZ

En la conferencia sobre Nietzsche ofrecida en setiembre de 2016, el maestro Carlos Mario nos señalaba la equivocación de este pensador al creer que sólo la lectura de su libro “Así hablaba Zaratustra” iba a esclarecer la conciencia de los hombres y por tanto sus efectos lograrían un cambio cultural sin precedentes. Nos ofrecía como hipótesis que la despolitización de Nietzsche y su obra, no le permitía ver que era necesario además un conjunto de actos organizativos y políticos que contaran con un vínculo colectivo y participativo para plantar las nuevas ideas. En esa oportunidad ponía como ejemplo a San Pablo y su incansable tarea de formar escuela en cada lugar al que llegaba para transmitir sus creencias religiosas. Este ejemplo me sirvió para entender cabalmente las razones de la formación de este magnífico proyecto que es el CEEZ.

Desde el documento de su Acto de Fundación se expresa claramente como objetivo general “incidir en la sociedad combatiendo en el campo ideológico a favor de un proyecto social y humano como fuerza contraria a la injusticia, indignidad, inequidad y estupidez del modelo civilizatorio dominante”. Con las herramientas más nobles para esa tarea: cultivar la inteligencia y el conocimiento para la formación de un pensamiento crítico y creativo, el Centro de Estudios se dispone a la formación de intelectuales.

Estoy gratamente sorprendida y entusiasmada de ver como en apenas un año y medio de existencia, se advierte en este proyecto un proceso de rápido crecimiento, logrando para alcanzar sus objetivos conjugar:

  • Los encuentros con el público a través de los dos espacios de “Diálogos en la Ciudad” y “Conmemoremos” que son la puerta grande de llegada a la gente, de un contenido claro y asequible dominados por la genialidad de “nuestro encantador de serpientes” y el respaldo de una institución tan importante como la BPP entre otras.
  • Los usos de la informática en una página web muy moderna y creativa que pone al alcance de todos los interesados los contenidos de su intenso trabajo.
  • El programa de la UN radio, para aquellos haraganes a los que les cuesta encontrar un momento para leer un libro, facilitando la sutil penetración por la “escucha” con la voz de estos jóvenes inquietos e inteligentes.
  • Los cuadernos del CEEZ, publicación ambiciosa que vamos a sostener con “uñas y dientes” tanto en su financiamiento como en sus contenidos, registro imprescindible como huella de una acción.
  • A la interna del Centro de Estudios, un modelo organizativo que sería la envidia de San Pablo y Nietzsche! con sus comités de organización, finanzas y propaganda. Especial mención para la Tienda Cultural del CEEZ… que demuestra tanto tesón y laboriosidad en la tarea encomendada.
  • Palabras mayores para los Seminarios y sus contenidos que siendo como el corazón que bombea sangre vigorosa al resto del organismo, han logrado a través de la rigurosidad y la disciplina ir tejiendo en la formación esa diversidad transdisciplinaria que permite entender el pensamiento, el conocimiento, la actividad intelectual como un esfuerzo múltiple y consciente para hacer mejor nuestra vida, como lo planteaba Estanislao Zuleta (Artículo “La amistad y el saber: Estanislao Zuleta” de William Ospina, Revista Aquelarre Nº 26, 2014).

Para terminar quiero que sepan que uno de los fines de mi viaje es poder conocerlos y reafirmar todo esto que siento por ustedes como bellas personas y poder abrir mi ser a nuevos sentidos, respuestas y nuevas interrogantes.

Además debo confesarles que me siento en deuda con el CEEZ porque yo no tengo grandes cosas para aportarles… difícil alcanzar el nivel en que ustedes se encuentran… no soy una oradora brillante (cierta timidez que padezco me lo impediría), ni tengo trabajos o publicaciones premiados para compartir, ni una experiencia como militancia política que transmitirles. Soy (diría Carlos Mario) “gente común y corriente”, eso sí con gran curiosidad y posición de “camello” de aprendiz según Nietzsche, a veces ensayo algo de “león”, y al “niño” me cuesta bastante encontrarlo, pero me gusta el “tintico”, la cerveza y el vino con lo que podremos pasar largas veladas de conversación!

Una y mil veces GRACIAS y hasta pronto.

Denise.

 

Respuesta de nuestro director

Querida, queridísima Denise, tus palabras estrujaron mi corazón y me conmovieron en lo más hondo de mi alma. Tu manifestación es una altísima forma del reconocimiento para conmigo y para con el CEEZ, al tiempo que —a diferencia de lo que vos decís de vos misma— revelan la claridad , la sensibilidad y la inteligencia de una mujer plenamente viva y con la cual el diálogo personal que se anuncia promete ser un mar de ideas y sentimientos.
Haremos todo lo posible por traer a Medellín a Eduardo Gómez en los días de tu visita para que podás conocerlo y conversar con él. Pero, como no me creo lo que tu humildad quiere hacerme pensar, la belleza, la limpieza y la valía de tu carta me conduce de inmediato a pedirte que cuando estés con nosotros nos ofrezcás en el CEEZ una charla que podríamos titular “El drama y la esperanza de Colombia a los ojos de una amiga uruguaya”, al igual que quiero pedirte que nos autoricés a colgar en nuestro sitio web tu hermosa y fraternal carta, y te lo pido porque a veces es muy rico sentirnos orgullosos de nosotros mismos y tus palabras nos lo permiten de sobra. ¡Y claro que tu carta saldrá de inmediato hacia todos los miembros del CEEZ, pues ¿cómo retardarles esta alegría y ternura que sentirán?! Dicho sea de paso, mil gracias por tu admirable capacidad de sabio marino para deslizarte entre el Epsila y el Caribdis de nuestra diferencia crítica como CEEZ con Corpozuleta y la que se presentó entre Sandra y yo; se necesitaba tino y delicadeza para no escorar hacia ningún lado y para no encallar alguna de tus amistades. De verdad, esta actitud tuya para cruzar avante por el medio de nuestra tempestad, habla de tu nobleza y tu superioridad de espíritu y refrenda en nosotros el profundo afecto que guardamos por vos, nacido de tantos gestos amistosos con los que nos regalás permanentemente.
El más cálido y estrecho de los abrazos.

Carlos Mario González