Sobre el lenguaje

El lenguaje humano es como una olla vieja sobre la cual marcamos toscos ritmos para que bailen los osos, mientras al mismo tiempo anhelamos producir una música que derrita las estrellas.

Gustave Flaubert
(1821 - 1880)

Por principio y en todo momento el Mundo (entendiendo por éste todo el campo material y espiritual de la experiencia humana) es una diáspora de sensaciones, un vértigo de impresiones, un juego de flujos de fuerzas encontrados. Por principio el Mundo es para el ser humano un caos, un desorden, algo que es “en bruto” y que no depara a la criatura racional ninguna inteligibilidad espontánea. El Mundo en sí no le provee sentido alguno al ser humano y si éste, no obstante, logra una cartografía que le permite orientarse, prever y actuar con dirección, intención y sensatez en ese Mundo al que fue arrojado por un brevísimo momento en la escala temporal del siempre enigmático universo, es porque él, criatura trágica y admirable, pone un poco de orden en “la Cosa”. El Mundo no tiene sentido y es el ser humano el que lo dota del poco y siempre insuficiente que puede llegar a tener.

El primer y fundamental “ordenador” que tenemos para que el Mundo cobre forma para nosotros, sobra decirlo, es el lenguaje. El principal papel que juega el significante, que asalta la vida de toda criatura humana cuando se la confronta con la falta, es el de ordenar esa diáspora de sensaciones en que estamos inmersos al llegar a la vida, ordenamiento que, estrictamente hablando, es el que hace e instaura el Mundo para nosotros. Pero contamos, como subsidiarios de las operaciones del significante, con otros dos “ordenadores” para instalarnos en el Mundo: el saber (el que sea: el sentido común, el mito, la creencia religiosa, la filosofía, la ciencia, el arte, los discursos humanos y sociales, etc.) y el pensar (operación racional o formal de producción de sentido, operación que es simultáneamente de conocimiento, trasgresión y creación).

Es por esto que el estudio del lenguaje, el psicoanálisis, la lingüística y la relación del ser humano con este campo epistémico no es una apuesta caprichosa o anodina. De la mano de Ferdinand de Saussure, Emile Benveniste, Ernst Cassirer, Noam Chomsky, Jacques Lacan, Jacques-Alain Miller, Freud y otros grandes pensadores, estudiaremos al ser humano en su condición de Ser-Del-Lenguaje.